POR:Mónica Flores
Una charla con la emprendedora social Dina Buchbinder.
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Dina Buchbinder, fundadora y directora de Deportes para compartir,  con tres de sus alumnos.

Dina Buchbinder comenzó, en 2007, un proyecto que le cambiaría la vida a ella y a miles de niños mexicanos: Deportes para compartir. Todo empezó como una gran idea: crear una metodología de juego que permitiera educar de una forma diferente. La pusieron a prueba en diferentes entornos, funcionó en todos y, desde entonces, ha sido un éxito. “Los maestros y maestras de México son maravillosos. Pero no estaban acostumbrados a jugar para enseñar algo. La clase tradicional es pasiva, donde los estudiantes están sentados viendo el pizarrón y apuntando o recibiendo un dictado. A los niños lo que más les gusta es jugar y poder conectarse a través del juego con todo tipo de conceptos”.

El “alma”, por decirlo de algún modo, de su proyecto, radica en educar con vivencias físicas, emocionales y reflexivas. Para un pequeño, sentir la empatía mirando a los ojos de sus compañeros, de sus instructores, después de un juego, no es lo mismo que escribir planas de una palabra nueva; aquilatar la belleza, la fuerza, el alcance del trabajo en equipo, no es lo mismo que escuchar sobre las ventajas de aplicarlo. Esa forma de aprendizaje, Dina ya lo ha visto durante ocho años y en más de mil escuelas, es algo que no se olvida. Una experiencia que lo mismo marca a alumnos que a maestros. “Está muy bien platicar de los valores, pero hay que vivirlos. Hay que llevarlos a la práctica para que sean efectivos y niñas y niños puedan tener realmente la experiencia de saber por qué eligen jugar limpio, por qué deciden trabajar en equipo, incluir a todos sus compañeros, por ejemplo”.

Deportes para compartir se aplicó por primera vez en 2007, en cuatro escuelas. Hoy, ya han compartido su metodología en 1,154 espacios de los 32 estados de la República. Comenzaron siendo dos y hoy son un comprometido equipo de 86 personas dedicadas de tiempo completo.

Valores y reflexión

En Deportes para compartir, se trabaja “con siete valores trasversales a lo largo de todas nuestras actividades: juego limpio, respeto, tolerancia, trabajo en equipo, equidad de género, empatía y responsabilidad. Esos son valores que cobran vida cuando los estamos experimentando. En nuestra metodología, después de cada juego, hacemos un círculo de reflexión donde les preguntamos si en el juego hubo juego limpio, si hubo trabajo en equipo; y si no, por qué. Qué pasó en la dinámica del juego”.

Dina Buchbinder lleva una trayectoria ejemplar como emprendedora social. En 2009, la International Youth Fundation (IYF) la eligió como “Global Fellow«. Al año siguiente fue asesora de jóvenes de la Federación Mundial de Asociaciones de la ONU. Entre otras distinciones, en 2013 se volvió parte de la Junta Directiva de la IYF. Actualmente estudia Planeación Urbana en el MIT. ¿Qué la lleva tan lejos? Su pasión por la niñez y sus ganas de tocar con una experiencia inolvidable a infantes entre los 6 y los 12 años; contribuir a que los valores se vuelvan tangibles y les despierten las ganas, no sólo de aplicarlos en sus vidas, sino también en sus comunidades.

Así surgió Iniciativas para compartir, una especie de “siguiente fase” de Deportes para compartir. “Aterrizamos herramientas de administración de proyectos para niños para que pudieran plantearse una meta y lograrla de manera estructurada”. Los niños formulan una solución y, en Iniciativas para compartir, los ayudan a materializarla. “Salen todo tipo de iniciativas: desde una campaña de medio ambiente hasta una obra de teatro sobre equidad y género; las olimpiadas del respeto en su escuela; una iniciativa de huertos urbanos. Es fantástico ver cómo, desde algo extremadamente sencillo como un juego, puedes transformar toda la visión de niños y niñas y sus comunidades”.

Queremos formar mejores ciudadanos que desde la niñez amen la ciencia. Que sea un momento de celebración cuando vienen la clase de ciencia o la de matemáticas”

entrevista_3Amor a la ciencia

El siguiente paso es Ciencias para compartir, que por fin será una realidad este 2015. “Queremos formar mejores ciudadanos que desde la niñez amen la ciencia. Que sea un momento de celebración cuando vienen la clase de ciencia o la de matemáticas”. El plan contempla trabajar con los siguientes temas: matemáticas, biodiversidad, energía y agua, para que los niños vayan comprendiendo desde qué es una molécula hasta “cómo se usa el agua, qué implicaciones tiene, cómo se limpia, qué podemos hacer para cuidarla, qué tipo de iniciativas como agentes de cambio quisiéramos echar a andar”. Lo mismo para los otros temas.

El plan consiste en echar a andar el piloto este verano en un campamento de cuatro semanas y luego en escuelas primarias durante el siguiente año escolar. “El sueño que tenemos es llegar a la mayor cantidad de escuelas con esta metodología para que puedan servirse para enseñar ciencia de una manera sana, influyente y que realmente le cambie la perspectiva a niños y niñas desde esas edades tan tempranas. Buscaríamos seguir trabajando con la Secretaría de Energía y nos gustaría, más adelante, trabajar de forma más cercana con la SEP. Siempre es importante sumar entre todos los sectores”.

Muy pronto, los niños que tengan la fortuna de vivir durante un año la experiencia escolar de Ciencias para compartir, experimentarán de un modo distinto las materias científicas y las matemáticas. Las verán como el puente que los acerca y les revela algunos secretos de los elementos que los rodean. Crearán un vínculo con su entorno, encontrarán un carril divertido para su curiosidad, podrán explorar preguntas y respuestas y recibir la herencia científica que ahora pasa, como juego, como infancia, a sus manos. Tal vez en algún infante se prenda una vocación como una chispa, como una vivencia para atesorar. Tal vez se sientan inspirados, como Dina, a trabajar en equipo para hacer algo que vuelva mejor su entorno, su mundo.

Infancia y ciencia

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