POR:Ernesto Murguía|FOTO:Aydee Cuevas
El doctor Julio Sacramento Rivero, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán, y sus colaboradores, analizan los ciclos de vida comparados de los biocombustibles.

“Participo, actualmente, en tres de los clústeres del Centro Mexicano de Innovación en Bioenergía”, explica el doctor Sacramento; “Biodiésel avanzado, Biocombustibles lignocelulósicos y Biocombustibles sólidos. Mi trabajo se enfoca en realizar una evaluación ambiental que abarque cada uno de los procesos a lo largo de la cadena de producción de los diferentes combustibles de cada clúster. Desde la extracción de materias primas, pasando por las diferentes etapas del procesamiento, hasta la producción, uso y retorno a la naturaleza en forma de emisiones. Es una evaluación compleja y exhaustiva, de la que obtenemos un dato muy importante: la huella de carbono de cada uno de estos biocombustibles”.

El doctor Sacramento, quien también es responsable técnico de la Red Temática de Bioenergía, del Conacyt, utiliza como ejemplo el ciclo de vida del bioetanol. La primera etapa consiste en el cultivo del maíz: uso de fertilizantes, agua, tractores y maquinaria, todos los insumos necesarios. Este proceso, en sí mismo, genera emisiones, no sólo por los motores usados para la siembra, pues, para que el diésel que los impulsa llegue a sus tanques, existe otro proceso donde también se producen éstas. “Nuestra metodología cuantifica las emisiones de todas las actividades necesarias para producir un litro de bioetanol. Contempla la factura de las materias primas, el cultivo, la cosecha, el procesamiento del grano, la fermentación, la destilación del alcohol, la distribución, la posible generación de aguas residuales o residuos sólidos, y muchos otros factores. Todo se toma en cuenta”.

Mitigación ambiental

El principal aporte de los biocombustibles es la reducción de gases de efecto invernadero. En términos generales, los biodiéseles hechos con aceite de cocina generan entre 50% y 60% menos emisiones que los combustibles fósiles. El bioetanol, por su parte, ofrece entre un 10% y 20% de mitigación. “Cada uno de los proyectos tiene una línea de análisis de cada ciclo de vida. Es una medición necesaria para cualquier energético, no sólo para la bioenergía. Cualquier energía renovable o fósil requiere contar con esta información. Sobre todo, la de huella de carbono”.

El doctor Sacramento explica que evaluar el ciclo completo de cada biocombustible es complicado para un grupo reducido de investigadores. “Existe una tremenda cantidad de variables. En biodiésel, por ejemplo, hay cientos de combinaciones, cientos de combustibles diferentes. Lo mismo pasa con el etanol. No es lo mismo que yo haga etanol de caña que de rastrojo de maíz. O que, en vez de alcohol, la gasolina traiga butanol. Cada uno de estos productos tiene sus particularidades”.

México todavía no es atractivo para la producción de biocombustibles. Existe una competencia muy desleal con las alternativas fósiles en cuanto a precios. Los combustibles fósiles cuentan con un subsidio tremendo, mientras los biocombustibles no reciben ninguno

Para hacer frente a esta amplia gama de posibilidades, lo solución es identificar las etapas críticas de la cadena de producción, los procesos donde se generan las mayores emisiones. Una vez hecho esto, los investigadores acuden en grupos o clúster a los lugares donde se genera la biomasa para tomar datos. “En el caso del bioetanol de caña, por ejemplo, acudimos a los ingenios y recabamos información sobre los insumos para cosechar la caña, para transformarla. Para obtener la información relacionada con procesos menores, se usan bases de datos internacionales que nos permiten hacer análisis, aunque no representan exactamente las condiciones mexicanas”.

Uno de los mayores logros de los investigadores ha sido homologar la metodología aplicada al ciclo de vida de los diferentes biocombustibles. Gracias a una red de colaboración y coordinación, los trabajos realizados en los Cemies son comparables y se rigen bajo un marco compartido. “Esto es un avance muy importante”, explica Sacramento, “no sólo porque, en México, es la primera vez que se hace algo así. En muchos países, tener una estrategia transversal y homogénea para todos los biocombustibles es muy complicado y poco frecuente”.

Desafío industrial

Uno de los mayores retos para medir el ciclo de vida de los biocombustibles nacionales es que, en nuestro país, todavía no hay una producción industrial, y esto obliga a que casi todos los estudios sean prospectivos. De momento, el consumo de biodiésel producido en México se hace través de pequeños grupos de transportistas o en redes municipales, donde resulta más económico producir un litro de biodiésel que comprar un litro de combustible. Pero se trata de un mercado de nicho, lejano a las grandes industrias. Existen, no obstante, varios tipos de biodiésel o bioetanol que tecnológicamente son factibles y para los que hay condiciones de producción, si bien, faltan garantías para los futuros inversionistas.

“México todavía no es atractivo para la producción de biocombustibles. Existe una competencia muy desleal con las alternativas fósiles en cuanto a precios. Los combustibles fósiles cuentan con un subsidio tremendo, mientras los biocombustibles no reciben ninguno. Si desde la legislación se establecieran mecanismos donde el productor recibiera incentivos fiscales; si hubiera, como en todos los países donde se han implementado los biocombustibles, un mandato legal que obligara a su uso, la industria encontraría mejores condiciones para producir”.

Ésa es la labor emprendida por el doctor Sacramento y el resto de especialistas en bioenergía: ofrecer mayor claridad entre lo que se debe y no se debe hacer, entre lo que se puede y no se puede, ofrecer alternativas sustentables capaces de ser también una alternativa en el mercado. “Estamos caminando por buen rumbo; la academia trabaja y se encuentra bien coordinada; estamos generando productos que no son habituales en el mundo. Lo que falta es industria”, concluye Sacramento.

Fuente:
Entrevista doctor Julio Sacramento Rivero
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