POR:Mónica Flores|FOTO:Dante Castillo
Conversación con la maestra Georgina Ortiz Gallardo, experta detrás del diseño de los Mapas de Ruta Tecnológica para energías renovables en los que se aplicaron metodologías aprendidas en la Agencia Internacional de Energía y en la Universidad de Cambridge.

La maestra Georgina Ortiz Gallardo es ingeniera química egresada de la Facultad de Química de la UNAM y maestra en Ciencias con especialidad en Gestión de Tecnología por la misma universidad. La Gestión de Tecnología es una especialidad que se enfoca en la planeación, desarrollo e implementación de las capacidades tecnológicas para alcanzar los objetivos estratégicos y operativos de una organización. Con estos conocimientos, la maestra Ortiz, en 1997, se incorporó al Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y, desde 1999, realiza actividades de Inteligencia Tecnológica y Gestión de Tecnología e Innovación, lo que le ha permitido tener una extensa participación en proyectos estratégicos para el IMP y Pemex.

Ortiz Gallardo ha participado en la realización de más de 500 estudios de inteligencia tecnológica competitiva, así como en el diseño de sistemas de monitoreo tecnológico, que han apoyado la toma de decisiones en diversas áreas del IMP y Pemex. Entre sus participaciones más relevantes, se encuentran la coordinación del diseño del proceso de desarrollo tecnológico del IMP y, recientemente, la dirección del proyecto para la generación de los Mapas de Ruta Tecnológica al año 2030 de diversas energías renovables.

300 expertos participaron

En ProyectoFSE.mx tuvimos oportunidad de platicar con ella para conocer más sobre los Mapas de Ruta Tecnológica, elaborados para las energías renovables. Le preguntamos cómo surgió la colaboración del IMP para la realización de estos documentos, y afirmó: “Por la experiencia que ha tenido el instituto en la industria petrolera haciendo este tipo de ejercicios de planeación, ha desarrollado una serie de metodologías basadas en las mejores prácticas, como las de la Agencia Internacional de Energía y la Universidad de Cambridge, las ha asimilado y aplicado en el pasado para la energía petrolera. Lo que hicimos ahora fue aplicar estas metodologías para dirigir todos los Mapas de Ruta Tecnológica de energías renovables: geotermia en sus dos vertientes, usos directos y generación de electricidad; energía solar fotovoltaica; termosolar, eólica; del océano; bioturbosina; biodiésel; bioetanol; biocombustibles sólidos y biogás”, comenta.

El proyecto empezó a ejecutarse en 2016 y su realización duró dos años. “Participaron más de 300 personas expertas del país en cada una de las energías. Se contó también con la participación de expertos internacionales. Se conjuntaron tres visiones: de la academia, de la industria y del gobierno. Los Mapas de Ruta ya traen un consenso de estos tres sectores. Ése es el futuro al que se puede llegar, cómo se puede llegar, en qué plazo, quiénes deben de participar”. Los mapas serán un valioso documento de referencia para direccionar acciones y recursos vinculados a proyectos de investigación, mejoras en la regulación, formación de recursos humanos y creación de incentivos económicos, por mencionar algunas.

“Participaron más de 300 personas expertas del país en cada una de las energías. Se contó también con la participación de expertos internacionales. Se conjuntaron tres visiones: de la academia, de la industria y del gobierno. Los Mapas de Ruta ya traen un consenso de estos tres sectores.”

Actualizaciones cada dos o tres años

Cada Mapa de Ruta se realizó con la información disponible en el momento en el que se hizo, “pero, obviamente, el mercado, la regulación y los contextos nacional e internacional irán cambiando, y estos mapas requerirán ser actualizados de manera periódica”, afirma. La recomendación de la experta es que se actualicen cada dos o tres años. “Como es un documento a futuro, se tiene que hacer un estudio, que es el primer punto de la metodología, para evaluar cuál es la situación actual en el país y en el contexto internacional de la tecnología que se va a estudiar. Eso nos permite tener un reconocimiento de dónde estamos parados. Con base en estos estudios, se genera un taller en el que participan expertos de la industria, de la academia y de los órganos reguladores, que son clave para el desarrollo de cada una de estas energías. El taller tiene como propósito el intercambio de ideas y una serie de discusiones que son dirigidas. Se preparan con antelación para poder, en el tiempo que se tiene establecido, obtener un consenso de un futuro posible en el desarrollo de cada una de estas energías”.

La importancia del trabajo conjunto

Actualmente, la maestra Ortiz Gallardo se desempeña como jefa de Proyectos de Gestión de Tecnología e Inteligencia Tecnológica Competitiva en la Gerencia de Servicios de Transferencia de Conocimientos del Instituto Mexicano del Petróleo. Desde su punto de vista, el proyecto permitió que la academia conociera las necesidades reales de la industria, y la industria las capacidades con las que cuenta la academia para resolver problemas tecnológicos. En los últimos años, se han realizado acciones para fortalecer la vinculación academia-industria, como la creación de los Cemies, centros en los que participan estos actores fundamentales en la construcción del futuro energético. Los Mapas de Ruta Tecnológica aportaron al fortalecimiento de esta vinculación; el trabajo conjunto “permite proponer y generar soluciones tecnológicas prácticas y muy enfocadas en las necesidades de la industria, para hacerla más competitiva. Esto es lo que buscamos, a final de cuentas”, concluye la también profesora de la maestría en Innovación y Administración de Tecnología, de la Facultad de Química de la UNAM.

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