Cemie-Océano valora posibles impactos al usar turbinas marinas.

Cualquier tipo de tecnología para la extracción de energía del mar tiene la posibilidad de no afectar negativamente la flora y la fauna del ecosistema en donde se instale, siempre y cuando haya un estudio previo en el que se establezcan las mejores condiciones en que puede implementarse una infraestructura o un dispositivo en determinada región. A esta conclusión llegó el Centro Mexicano de Innovación en Energía del Océano (Cemie-Océano), una de cuyas líneas de investigación estratégicas, llamada “Energía por mareas y corrientes”, se encarga, entre otros temas, de valorar los posibles impactos ambientales en los mares de la República Mexicana cuando se utilizan turbinas.

Uno de los sitios que el centro investiga actualmente es el Golfo de California, también conocido como el “acuario del mundo”, en donde hay una gran riqueza de flora y fauna, para saber si es compatible la conservación del lugar con el aprovechamiento de la energía de las corrientes.

“Es necesario, primero, hacer una investigación para saber hasta cuánta energía puedes extraer de una zona sin afectar negativamente el ecosistema donde va a operar”, señala, en entrevista, el doctor Rodolfo Silva Casarín, especialista en Ingeniería Oceanográfica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actual responsable técnico del Cemie-Océano.

“En los inicios, la tecnología asociada al aprovechamiento de las corrientes utilizando turbinas afectaba todo lo que tuviera a su paso; pero, actualmente, los álabes ya tienen formas que no generan un peligro para los peces”.

Explica que es necesario monitorear cada tecnología colocada en el mar para saber si afecta o no la flora y la fauna circundantes. Y, en caso de afectarlas negativamente, quitarla y estudiar otras posibilidades.

“En los inicios, la tecnología asociada al aprovechamiento de las corrientes utilizando turbinas afectaba todo lo que tuviera a su paso; pero, actualmente, los álabes ya tienen formas que no generan un peligro para los peces o para las especies que hay en el entorno. Buscamos generar mucha potencia a poca velocidad para que un pez pueda transitar sin que se vea afectado”.

Rodolfo Silva, quien es también investigador titular C en la UNAM y nivel III en el SNI, expone que ya existen turbinas marinas con aspas inspiradas en animales, tanto para obtener mayor energía, como para proteger las diferentes especies marinas. En algunos casos, las aspas son muy parecidas a las aletas de un delfín o una ballena. Si una de estas hojas llegara a golpear a un pez, no sería de gravedad. Tampoco afectan a la flora, ya que la misma está directamente relacionada con la fauna: “Si tienes disposición de materia orgánica, tendrás mayor cantidad de flora marina, como los pastos marinos, que incluso son muy buenos como secuestradores de CO2”.

El Cemie-Océano fue constituido en diciembre de 2014 y, desde entonces, trabaja en el desarrollo de nuevas tecnologías para la extracción de energía del mar que sean competitivas a nivel global. Actualmente integra a 42 instituciones, pero está por incrementar el número a 45. El centro reúne a más de 200 investigadores y alrededor de 500 estudiantes de 18 estados del país, en diversas áreas, como química, física, ingeniería, mecatrónica, ecología, economía y cualquier disciplina que tenga que ver con el uso de los recursos marinos.

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