Electrodomésticos inteligentes y coches eléctricos actuando como una batería virtual gigante.

Todavía no existe un tipo de batería que sea capaz de almacenar grandes cantidades de energía y distribuirla de acuerdo con las necesidades de una ciudad. Sin embargo, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) trabajan en un nuevo concepto que comienza a tomar forma y que, en un futuro, podría solucionar el problema anterior: las baterías virtuales.

Una batería virtual es un sistema inteligente (compuesto por hardware y software) que almacena cierta cantidad de energía, la absorbe y la libera a una tasa determinada, de acuerdo con la oferta y la demanda de los consumidores. Esta batería puede conformarse con ayuda de aparatos electrónicos y autos eléctricos que se conectan a la red eléctrica de una ciudad.

Para entender mejor el concepto, pensemos en la red de una región, en donde la oferta y la demanda deben coincidir, ya que, si los consumidores demandan más energía de lo que los productores pueden suministrar, habría apagones; y si, por el contrario, los productores proporcionan más energía de la que necesitan los consumidores, habría problemas de sobrecarga.

La respuesta ante este reto sería implementar una batería virtual para mantener la oferta y la demanda en equilibrio: “Los electrodomésticos inteligentes en hogares y oficinas (como los termostatos que se pueden ajustar remotamente), y los coches eléctricos que se conectan a la red, podrían actuar colectivamente como una batería virtual gigante, ofreciendo una alternativa de menores costos y menores emisiones contaminantes para la generación de energía de respaldo en la red”, explica la doctora Daria Madjidian, del Laboratorio de Sistemas de Información y Decisión (LSID) del MIT.

Madjidian y su equipo afirman en su estudio que hay una gran cantidad de cargas eléctricas flexibles en una ciudad, dadas por aparatos electrónicos en hogares y empresas, y por vehículos eléctricos, tanto particulares como de transporte público. Lo que ellos pretenden es desarrollar algoritmos que planifiquen el consumo de estas cargas de tal manera que satisfagan todas sus restricciones y que aparezcan en el sistema de energía como una “batería”, que almacene cierta cantidad de energía y la libere en las zonas que lo requieran en determinado momento del día o de la noche.

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Al estudiar una colección de cargas eléctricas flexibles como una sola batería, los investigadores identificaron una compensación entre la capacidad de la batería y las tasas a las que puede cargar y descargar. Esta compensación puede ser renegociada sobre una base diaria o incluso por hora. Si un día, por ejemplo, un proveedor de energía espera vientos fuertes, podría querer privilegiar una carga rápida para capturar rápidamente la producción de sus turbinas eólicas. Si en otro día espera que casi todos sus clientes enciendan sus aires acondicionados por la noche, podría privilegiar la capacidad de la batería, con el fin de manejar una oleada alta de demanda. Las baterías convencionales no pueden hacer esto, pero las virtuales sí. Con ellas, se abre el camino para que empresas y gobierno diseñen políticas de control que ajusten sus especificaciones para propósitos particulares.

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