La científica húngaro-estadounidense Mária Telkes desarrolló los primeros sistemas de calefacción solar y almacenamiento de energía solar, así como una estufa solar, un destilador solar, aire acondicionado solar y estudió las primeras aplicaciones de los generadores termoeléctricos solares en el espacio.

Mária Telkes nació el 12 de diciembre de 1900, en Budapest, Hungría. El siglo XX vería una acelerada evolución tecnológica en todos los ámbitos y Mária jugaría un papel fundamental en el desarrollo de la energía solar, un concepto que pasaría de ser un atractivo experimento, a una tecnología funcional para proporcionar calor o frío en los hogares, cocinar alimentos y hasta salvar vidas.

Telkes estudió Fisicoquímica en la Universidad de Budapest, graduándose en 1920 para, posteriormente, obtener un doctorado en 1924. Su deseo por conocer el mundo la llevó a visitar a un primo en Estados Unidos, en 1925, que en ese entonces era cónsul húngaro en Cleveland. Gracias a sus conocimientos, la húngara fue contratada por la Cleveland Clinic Foundation como biofísica. No regresaría a su ciudad natal sino hasta casi 70 años después.

En esa clínica trabajó durante 12 años, bajo la dirección del doctor George Crile en una serie de experimentos que resultaron en la invención de un mecanismo fotoeléctrico capaz de registrar ondas cerebrales. Más tarde, en 1937, se convirtió en ciudadana estadounidense y comenzó a trabajar, ese mismo año, como ingeniera en Westinghouse Electric.

Realizó labores de investigación en metalurgia en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en 1939. Fue en ese momento cuando comenzó a centrar su investigación en la energía solar. Ahí inventó el primer generador termoeléctrico, en 1947, y meses más tarde, como parte de un proyecto para convertir los rayos del Sol en calor y electricidad, Mária desarrolló un sistema de calefacción solar para la “Casa de Dover”, una residencia experimental creada para mostrar el poder de la energía solar, construida en 1948 y diseñada por la arquitecta Eleanor Raymond.

El sistema de Telkes fue capaz de capturar y almacenar la energía del Sol, y después distribuirla por ventiladores al interior del hogar, según iba siendo necesario. Su invención constó de un proceso mediante el cual la energía generada por el Sol podía ser almacenada químicamente a través de la cristalización de una solución de sulfato de sodio.

Además de ese trabajo, Telkes recibió una subvención de 45,000 dólares de la Fundación Ford para trabajar en un horno solar. Su estufa solar podía generar temperaturas de hasta 220 ºCelsius y su uso era ideal para comunidades rurales donde no había electricidad y el gas era caro para las familias. El horno podía cocinar prácticamente cualquier tipo de carne y ser utilizado incluso por niños. Y, por su fuera poco, pocos años después, en 1953, construyó el primer refrigerador termoeléctrico.

También durante su estancia en el MIT, en los primeros años, la doctora Telkes desarrolló el primer destilador solar de agua de mar para la Marina Estadounidense, el cual fue utilizado con éxito en la Segunda Guerra Mundial, invención que salvó varias vidas de marineros y soldados que quedaban a la deriva durante los ataques.

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Un destilador solar es un sistema que utiliza la energía del Sol para convertir el agua salada en agua potable. El calor del Sol se concentra para evaporar el agua dulce, liberándola de la sal y otros sólidos. El agua dulce se condensa y está lista para beberse. El aparato de Mária producía aproximadamente un litro de agua potable por día.

Para la década de los 50, Telkes ya era apodada como la “Solar Queen” (Reina del Sol) por todos sus logros en el campo de la energía solar. La científica fue reconocida en 1952, cuando se convirtió en la primera receptora del Premio al Logro de la Sociedad de Mujeres Ingenieras. Un año después, se trasladó a la Universidad de Nueva York y creó un laboratorio de energía solar en el Colegio de Ingeniería. Trabajó ahí por cinco años, hasta aceptar un puesto como directora de Investigación para la Energía Solar en la Curtiss-Wright Company. En ese lugar desarrolló secadoras y calentadores de agua solares, y estudió las posibles aplicaciones de los generadores termoeléctricos solares en el espacio.

La edad para la científica no era un obstáculo para continuar sus investigaciones, ya que, en la década de los 70, trabajó en un sistema solar de aire acondicionado para casas, capaz de almacenar aire fresco durante el día, guardarlo en la noche y utilizarlo al día siguiente, según lo fueran requiriendo sus habitantes.

Hasta el año 1978, Mária trabajó en el Instituto de Conversión de Energía de la Universidad de Delaware, en donde le fueron otorgadas 20 patentes por sus sistemas de almacenamiento de energía solar. Su mayor logro en Delaware fue su contribución en el Solar One, un edificio con calefacción solar. Telkes recibió el Premio Charles Greeley Abbot en 1977, concedido por la American Solar Energy Society.

La crisis petrolera de los años 70 despertó gran interés por la energía solar, lo que llevó a la construcción de una segunda casa experimental con calentamiento solar: la “Carlisle House”, en la que Telkes participó, en 1980, como consultora. De hecho, sus últimos años trabajó como consultora de empresas del sector solar hasta 1993, año en que se retiró, finalmente, de sus investigaciones y decidió regresar a su ciudad natal, luego de casi 70 años de ausencia.

La “Reina del Sol” murió el 2 de diciembre de 1995, en Budapest a la edad de 94 años.

Fuentes:
http://lemelson.mit.edu/
https://global.britannica.com/
http://www.nytimes.com/
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