POR:Mónica Flores|ILUSTRACIÓN:Oldemar
Desde la COP21, los esfuerzos por limitar el cambio climático son globales: los principales países del mundo se comprometieron a limpiar la energía. ¿Cuánto será suficiente?

Algo que para los científicos ya no está a discusión: necesitamos evitar a toda costa que la temperatura del planeta aumente más de 2 °C para finales de este siglo o habremos fracasado en la lucha contra el cambio climático. Según especialistas del Stanford Precourt Institute of Energy, para lograr este objetivo, se deben mantener las emisiones de CO2 acumuladas por debajo de 2,900 gigatoneladas. Sin embargo, en los últimos 147 años, se han emitido más de 2,000. Eso deja poco espacio para seguir contaminando. De continuar a este ritmo, afirman, tocaremos el límite contaminador a finales de la década de 2030.

Desde la COP21, los esfuerzos por limitar el cambio climático son globales: los principales países del mundo se comprometieron a limpiar la energía e impulsar una transición energética hacia la sustentabilidad energética y el uso de fuentes renovables y limpias. Algún día, las energías solar, eólica y geotérmica, entre otras, tendrán que proveer la mayor parte de la energía que se consume. ¿Qué camino nos llevará a ese escenario? El de la reducción sistemática de las emisiones de CO2, esto es, la descarbonización de nuestros medios para obtener energía.

El doctor Dolf Gielen, en una presentación importante que tuvo lugar durante el World Future Energy Summit, desarrollada en Abu Dhabi en enero de 2017, la Agencia Internacional de Energía Renovable (Irena) presentó los avances de un estudio sobre descarbonización, solicitado por el gobierno alemán para conocer distintos escenarios a los que se enfrentarán los países del G20 para lograr los objetivos contra el cambio climático. El doctor Gielen, en el marco de la plática “Estrategias para la transición a sistemas energéticos neutros en carbono”, mencionó, entre otros, los siguientes hallazgos: Si queremos tener una probabilidad de 66% de lograr permanecer por debajo de los 2 grados [Celsius], las emisiones de CO2 relacionadas con la energía deben estar en ceros a más tardar para el año 2060 y la participación de las energías renovables en el suministro total de energía primaria deberá alcanzar alrededor del 66% para 2050. Aunque hay grandes avances en eficiencia energética y en nuevas tecnologías para energías renovables, hay mucho trabajo por hacer.

En ese mismo evento, el director del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos, el doctor Martin Keller, mencionó la urgencia de crear y mejorar las tecnologías vinculadas a [energías] renovables y el trabajo conjunto entre sectores y mercados, ya que ningún país podrá hacer este trabajo por sí solo.

La urgencia

Puede ser que todavía queden personas en el mundo que piensen que el cambio climático no les afectará. La realidad es que todos los que estamos vivos ahora y quienes vendrán en los siguientes años, padeceremos los problemas causados por el cambio climático. En la naturaleza, todo está interconectado. El equilibrio depende de hilos finos: necesitamos que no suban las temperaturas para que no continúen deshielándose los glaciares; necesitamos que éstos no aumenten el nivel del mar; que no se multipliquen las sequías; que por estos motivos no haya eventos climatológicos catastróficos para ciertas regiones; necesitamos que no desaparezcan ecosistemas; debemos reconocernos como sólo una especie más, frágil… si el mundo que conocemos, el mundo con el que aprendimos a convivir, vira a condiciones más hostiles.

Revisemos las cifras. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, (IPCC, 2013) menciona que la elevación del nivel del mar se ha originado tanto por la expansión de los cuerpos de agua marina al calentarse (ya que los océanos absorbieron aproximadamente el 90% del calor que se ha adicionado al sistema climático), como por el agua que se derrite de glaciares y alcanza los mares. En el Informe de la Situación del Medio Ambiente en México (2015), de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), se explica que nuestras costas también han sido afectadas por la elevación del nivel del mar. En los últimos 60 años “en el Golfo de México, el incremento anual registrado varió entre 1.9 milímetros en Veracruz, Veracruz, hasta 9.16 milímetros en Ciudad Madero, Tamaulipas. En el Pacífico sobresalieron Guaymas, Sonora, y Manzanillo, Colima, con incrementos anuales de 4.23 y 3.28 milímetros, respectivamente (INE et al., 2008)”.

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En ese mismo informe, se dan las cifras de los deshielos de montaña que nos afectan. Citan distintos artículos publicados en 2007 por el doctor Hugo Delgado Granados: “En el caso de México, se han registrado reducciones de hasta el 40%, entre 1960 y 1983, en la extensión de los glaciares del Iztaccíhuatl. El Pico de Orizaba y el Popocatépetl mostraron una tendencia similar (aunque en este último la reducción se aceleró por su actividad volcánica)”. Si la reducción de los glaciares sigue con ese ritmo, los expertos consideran que “es posible que desaparezcan en menos de 30 años”.

Qué sectores requieren mayor atención

Se ha dicho, en diferentes foros internacionales, que además de la transición energética hacia un mayor uso de energías renovables, hace falta descarbonizar el sector transportes y el sector de la construcción. En el caso de los transportes, los biocombustibles deben alcanzar mayor presencia en la marina, aviación y, por supuesto, el autotransporte. En ese rubro, como en tantos otros vinculados a energías limpias, la transición se está dando al ritmo que la tecnología lo permite.

La profesora Diana Ürge-Vorsatz, vicepresidente del Grupo III del IPCC, en una presentación sobre Cero Emisiones en el ambiente de la construcción, mencionó que, si la comunidad global no actúa, las emisiones del sector constructor podrían elevarse hasta 110% para el año 2050. Pero, “si actuamos decisivamente, las emisiones pueden reducirse a sólo un tercio de ese nivel para 2050”.

Informe Irena G20

Irena preparó un informe sobre descarbonización, mismo que entregó, en marzo de 2017, a Alemania, nación que preside el grupo de los países G20. En dicho informe, explica que los países del G20 son actualmente el mercado más importante para distintas tecnologías, como la solar, la eólica y la geotérmica. En el caso de la energía solar, “aunque se espera que el mercado global se diversifique, se espera que la región del G20 siga siendo significativa durante las próximas dos décadas, con cuotas de mercado del G20 del 80% y el 60%, respectivamente”. Dicho informe sostiene también que: “La capacidad CSP [Energía Termosolar de Concentración] acumulativa global aumentará a más de 1,100 GW para 2035, igual a la capacidad hidráulica actual, y se elevará a 2,500 GW en 2050”. La urgencia de que los países más ricos se apeguen a los acuerdos de la COP Paris (el Acuerdo de París) es de vital importancia, tanto en la descarbonización como en las medidas tomadas para combatir el calentamiento global, por la sencilla razón de que algunos de ellos son los que más contribuyen a la atmósfera con emisiones de CO2.

El escenario insuficiente

Según el “World Energy Outlook 2016”, publicado por la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), si todos los países respetan los acuerdos hechos en la COP de París, para 2040, el 37% de la generación de energía provendrá de fuentes renovables, a diferencia del actual 23%. Habría 150 millones de vehículos eléctricos, contra los 1.3 millones que circulan por el mundo hoy. Sin embargo, en esa misma publicación afirman que esto podría no ser suficiente para lograr la meta de no aumentar más de 2 °C. Para alcanzarla, efectivamente, el sector energético debe ser neutro en carbono para el año 2100, aunque algunos expertos de Irena topan ese objetivo en 2060. Así que el mundo requiere éstas y más acciones para que la vida prosiga desarrollándose en condiciones similares o mejores a las que conocemos, al terminarse el siglo XXI.

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