Un grupo de investigadores norteamericanos incluye los biocombustibles celulósicos en escenarios futuros contra la contaminación.

Los biocombustibles celulósicos (la energía líquida derivada de las hierbas y la madera) pueden convertirse en el combustible verde del futuro, sólo si son manejados correctamente y teniendo en cuenta varios factores, opina, en un estudio, un grupo de investigadores del Centro de Investigación en Bioenergía Great Lakes (financiado por el Departamento de Energía de Estados Unidos).

Los investigadores explican que, si bien aún no son una fuerza de mercado, los biocombustibles celulósicos se incluyen en futuros escenarios de mitigación de la contaminación, debido a su potencial, tanto para desplazar el uso del petróleo, como para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, estos beneficios se complican por la necesidad de contar con grandes extensiones de tierra para producir biocombustibles líquidos a gran escala.

“La cuestión de la sustentabilidad se refiere, en gran medida, al impacto de usar millones de acres de tierra para cultivar biocombustibles. ¿Podemos hacer eso sin amenazar la seguridad alimentaria global, sin reducir la biodiversidad o el suministro de agua subterránea?”, cuestiona Phil Robertson, profesor distinguido en Ciencias del Ecosistema en la Universidad Estatal de Michigan y autor principal del estudio, el cual se publica en la revista Science.

A partir de una investigación empírica de 10 años, Robertson y algunos colegas de la Universidad de Wisconsin y de la Universidad de Maryland, aseguran que sí es posible producir biocombustibles sin afectar los cultivos y la alimentación de las personas.

En primer lugar, pueden utilizarse tierras marginales que no se empleen para la producción de alimentos debido a su baja fertilidad u otras razones. Esto evita la competencia con la seguridad alimentaria y se obtienen beneficios para la biodiversidad.

En segundo lugar, la elección del cultivo es clave. Las especies nativas perennes que crecen en esas tierras marginales ofrecen resultados ambientales superiores a los cultivos, pero ningún cultivo único parece ser ideal para todas las locaciones. De hecho, en algunos casos, los cultivos de especies mixtas proporcionan beneficios mayores. Y, en tercer lugar, deben evitarse los fertilizantes nitrogenados debido al calentamiento global y otros impactos ambientales.

De acuerdo con los investigadores, éstos y otros principios son suficientes para comenzar a guiar decisiones políticas sólidas para producir biocombustibles celulósicos para que brinden beneficios a la economía y al clima del planeta.

En México, los principios anteriores ya han sido tomados en cuenta. El Clúster de Biocombustibles Lignocelulósicos para el Sector Autotransporte, que pertenece al Centro Mexicano de Innovación en Bioenergía (Cemie-Bio), trabaja en un proyecto para producir bioetanol lignocelulósico 2G para su uso en el sector autotransporte, a partir de cuatro materias primas: rastrojo de maíz, bagazo de agave, bagazo de caña y paja de trigo. No afectan la seguridad alimentaria del país, ya que se trata de residuos orgánicos, y existe en México disponibilidad comprobada de esos elementos.

Además, el proyecto tiene contemplado realizar “un análisis de ciclo de vida para cada uno de los biocombustibles propuestos, con la finalidad de establecer el impacto de la producción de éstos en el ámbito nacional, así como su contribución al cumplimiento de los objetivos en materia de energías renovables de la Estrategia Nacional de Energía 2013‐2027”, de acuerdo con Cemie-Bio.

Fuentes:
https://www.eurekalert.org/
https://cemiebioalcoholes.org/proyecto/

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