POR:Mauricio Alvarado|ILUSTRACIÓN:Oldemar
¿Qué acciones se están tomando en el mundo para construir o renovar edificios?

Entre los esfuerzos que se llevan a cabo por reducir las emisiones de gases contaminantes en el mundo, destacan los que se realizan en uno de los sectores donde se pueden aprovechar las diferentes tecnologías creadas para este fin: el de los edificios. Existen tecnologías eficientes para la obtención, administración y uso de la energía, pues, de acuerdo con el reporte de la Comisión Europea de Energía (CE, por sus siglas en inglés), “los edificios son responsables directos del 40% del consumo de la energía, del agua y los materiales extraídos, y de un 36% de las emisiones de gases efecto invernadero en el mundo”.

La agencia de investigación Navigant Research señala, en su informe “Energy Efficient Buildings Global Outlook 2017”, que el verdadero problema está en que “las iniciativas y los estándares para regular las emisiones de los edificios no se han legislado con suficiente rigor. La tecnología para construir o convertir un edificio para que sea de baja o cero emisiones [ZEB, por sus siglas en inglés] ya existe [y] sólo hace falta instaurar tres directivas principales, como sería una mejor educación para los diseñadores, una más severa regulación urbanista y apoyo de los gobiernos para que los contratistas puedan crear un mercado eco-eficiente que los ocupantes opten por adquirir y los propietarios [por] adaptar”.

A la par del problema, se añade que la expectativa de crecimiento inmobiliario amplificará el reto de la eficiencia energética porque, según Michael Renner, en su libro Can a City Be Sustainable?, edición 2016, “[e]l área total de los edificios en el mundo pasará de 152 millones de metros cuadrados [actualmente] a 172 millones para 2024”.

Para lograr eficiencia energética en edificios, veremos la conjugación de múltiples y diversas disciplinas, que van desde la arquitectura sustentable, la bio-construcción, políticas normativas internacionales, certificaciones de eficiencia de operación, hasta la captación de recursos naturales, como agua y radiación solar para la generación de la propia energía.

Según la Comisión Europea de Energía, “los edificios son responsables directos del 40% del consumo de la energía, del agua y los materiales extraídos, y de un 36% de las emisiones de gases efecto invernadero en el mundo”.

Volver a los básicos

Antes de la Revolución Industrial, los criterios de edificación procuraban adecuar la obra a las condiciones climáticas de la región, siempre con los preceptos de proteger a los ocupantes del frío o disipar el calor de interiores, o de recibir o aislar tanta luz solar en partes específicas; pero, con la llegada de los sistemas de refrigeración y calefacción, los constructores dejaron de considerar la interacción directa de los inmuebles con el medioambiente aportando su cuota al calentamiento global.

Así lo explica la especialista del US Green Building Council, Christina Huynh, en su artículo “How Green Buildings Can Fight Climate Change, 2017”: “Los edificios contribuyen al calentamiento global con un factor demasiado alto; 2016 fue el año más caliente desde que los registros comenzaron en 1880 y el tercer año consecutivo récord, según la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica [NOAA, por sus siglas en inglés]”. Este incremento de la temperatura a nivel mundial crea, paradójicamente, un aumento en el uso del aire acondicionado y la urgencia por implementar nuevos sistemas de ventilación natural.

Por eso, ahora, la industria de la construcción tiene el compromiso de añadir innovaciones tecnológicas para obtener el máximo rendimiento con el menor impacto contaminante. Así lo sugiere el Worldwatch Institute en su reporte “For a Greater International Collaboration to Build Green, 2016”: “Los responsables de la política urbana deben promover la producción de energía renovable en edificios, a través de políticas y regulaciones de zonificación, iluminación inteligente, ventilación natural y calificación de desempeño”.

Edificios nuevos

Por un lado, están los estándares de eficiencia y calidad de los edificios por construir. Según el Consejo Verde (US Green Council), responsable de la certificación LEED, deben incluir por lo menos cuatro puntos básicos para que pueda considerarse edificio verde: “1. Bajo consumo de agua y energía. 2. Alta calidad del aire en interiores. 3. Uso de materiales respetuosos con el medio ambiente. 4. Una sana interacción con el ambiente que le rodea y la inclusión de áreas de vegetación accesibles”.

Para el diseño, una de las tendencias es construir el edificio en simuladores virtuales, como el muy reconocido BIM (Building Information Modeling). Esta herramienta ya es obligatoria por decreto gubernamental en algunos países. Este sistema de diseño 3D puede calcular los aspectos arquitectónicos, los de ingeniería y hasta plomería simultáneamente para un uso exacto de materiales, para reducir desperdicios y errores y dar una visión casi exacta de cómo operará el edificio en cuestión de eficiencia una vez que esté habitado.

Asimismo, para que un inmueble tenga un consumo pasivo de energía, se deben considerar registros históricos de los llamados parámetros climáticos, es decir, el comportamiento de la temperatura por las estaciones del año, precipitación pluvial y las posibilidades de que el edificio capte y trate su propia agua, incidencia de viento, nubosidades y radiación solar, que ayude a determinar si la estructura será acondicionada con paneles fotovoltaicos o generadores eólicos para que use su propia energía. Si la obra consigue esta última autosuficiencia energética, será considerado como Edificio Cero Emisiones, certificado por el riguroso sistema de Living Building Challenge o por las diversas instituciones capaces de certificar una obra como LEED y Energy Star o Breeam, entre muchas otras.

Desde el diseño, también puede establecerse la orientación del edificio para el control de la iluminación natural y las ganancias de calor, si llevará vidrios bajo-emisivos para limitar la entrada de radiación solar o de alto coeficiente de ganancia térmica dependiendo de qué lado de la estructura (y a qué hora) apunta el Sol sobre ésta. Incluso, el reporte de la Agencia Navigant Research, “10 Trends for Intelligent Buildings 2017 and Beyond”, refiere la aplicación más sofisticada que puede adoptarse ahora para optimizar la climatización natural “mediante el uso de un software que calcule datos en tiempo real y dirija, por sí solo, cambios operativos de abrir o cerrar ventanas por medio de un sistema automatizado, lo mismo que la iluminación; y que incluso es capaz de apagar dispositivos en horas clave”. Otra tendencia digna de ser regulada, señala la Agencia Internacional de Energía Renovable (Irena), es “la norma que, en abril de 2016, se lanzó en San Francisco, misma que exige a todos los nuevos edificios instalar un mínimo de 15% de paneles solares en las azoteas para aprovechar la energía solar fotovoltaica”.

Te puede interesar:  Radiación solar y sensores: cómo se produce y para qué sirve la información solar en México

Conversión de los edificios viejos

Desde otro punto de vista, está la ardua tarea de convertir los edificios existentes con el fin de llevarlos a un ideal de bajas emisiones: Nearly Zero Energy Buildings (NZEB, por sus siglas en inglés), un propósito que los especialistas y gobiernos en el mundo definen como más importante aun que construirlos. La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), en su reporte “Building Energy Performance Metrics, 2015”, dice: “Reducir el uso de la energía en los edificios existentes es una prioridad política importante entre los países. En muchas economías desarrolladas, maduras, el 90% de las construcciones existentes es probable que sigan en servicio para 2050”.

Para llevar un edificio a su mejor desempeño energético, muchas empresas y gobiernos se apoyan en organizaciones especializadas capaces de reducir el consumo energético de un inmueble hasta en un 45%. Éstas se encargan de hacer estudios integrales de cada edificio para obtener la caracterización general del mismo, mediante monitorización de consumos energéticos, análisis de la calidad ambiental de interiores y estudios de las características físico-constructivas y de potencial iluminativo. Con esto determinan las posibilidades de sustituir dispositivos por nuevas tecnologías sustentables. En este giro, también hacen su aparición las llamadas Escos (Energy Service Companies) para lograr la eficiencia de consumo de energía eléctrica en equipos de compresión (aire acondicionado, refrigeración y calefacción), carga lumínica, etc.

Al final, la verdadera conversión de un edificio creado sin perspectivas de eficiencia energética está en reducir el nivel de carga eléctrica con el que opera e instruir a los controladores de cada uno para el buen funcionamiento de éstos. Así lo señala el presidente de la Asociación Mexicana de Empresas en Eficiencia Energética (Ameneer), Santiago Barcón, en entrevista para Proyecto FSE, quien afirma que, por sí sola, “la generación de energía eléctrica a partir de fuentes renovables no es una verdadera medida de eficiencia energética, ya que no reduce el consumo de kilowatts de energía [eléctrica o térmica]. La generación de energía a partir de fuentes renovables sólo es una medida de sustitución de kilowatts. Lo necesario es gestionar esa energía, sea cual sea, de modo que no se malgaste”.

México de clima extremo

En nuestro país se han implementado varias normas de construcción y operación para crear edificios de bajo consumo energético. Esto a través de la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía (Conuee) y las Normas Oficiales Mexicanas (NOM), así como sus programas de Luz Sustentable o la Hipoteca Verde, de Infonavit.

Sin embargo, los retos particulares son de tipo geográfico. La Agencia Internacional de Energía (IEA) en un libro titulado La transición a los edificios sustentables, estrategias y oportunidades para 2050, señala: “La ubicación geográfica de México y sus diversas condiciones climáticas (incluyendo las zonas áridas, subhúmedas y húmedas) crean diversas necesidades y desafíos en el cambio hacia una trayectoria de baja emisión de carbono en el sector edilicio. Muchas regiones del país tienen clima cálido; otras son de extremas variaciones climáticas durante todo el año. Por eso, el reto particular de México implica alcanzar la eficiencia energética, especialmente en las áreas de iluminación, calefacción y refrigeración”. Esto lo confirma Odón de Buen Rodríguez, director de la Conuee, en entrevista para Proyecto FSE: “Aunque nuestros esfuerzos han logrado mantener el mismo nivel de consumo de electricidad durante años en regiones de clima templado (esto a pesar del crecimiento de la población), en las regiones de clima cálido el consumo va en aumento, al punto que el gasto de energía de aire acondicionado ha superado al de la iluminación”.

“Otro de los problemas”, dice Santiago Barcón, “ha sido convencer a los propietarios de los edificios de que la eficiencia energética puede mostrar ahorros hasta del 30% en el gasto de luz y que, a largo plazo, el beneficio es aun más grande; pero estas intenciones llegan como medida de ahorro debido al costo de sus recibos, no como una previsión”.

Por lo pronto, el Comité Consultivo de Normalización para la Preservación y Uso Racional de los Recursos Energéticos puso en marcha, este 2017, el programa para crear, endurecer o modificar diferentes NOM con el fin de evitar dispendios de energía y contribuir así a la preservación de los recursos naturales no renovables, apoyado en el sistema de certificación de rendimiento Energy Star.

No Hay Más Artículos