Los primeros automóviles de vapor fueron europeos y tenían sistemas similares a los motores que hacían andar las lentas y pesadas locomotoras del siglo XIX. Fue en la década de 1870 cuando comenzaron a circular los primeros vehículos propulsados por vapor realmente funcionales, pero sus inicios datan del siglo XVIII.

Auto construido por Nicolás-Joseph Cugnot exhibido en el Musée des Arts et Métiers en Paris. Foto: Joe deSousa

Algunas fuentes dicen que fue Ferdinand Verbiest (un misionero jesuita europeo que vivió y murió en China) el inventor del primer vehículo de vapor (en 1672), pero la mayoría apunta al oficial francés Nicolás-Joseph Cugnot como el constructor del primer carro movido por vapor (en 1769), el cual puso al servicio del ejército de su país.

Sin embargo, éstos y otros automóviles que se fueron construyendo en la primera mitad del siglo XIX no serían funcionales hasta que, en 1875, el inventor francés Amédée Bollée realizó el primer viaje por carretera en un vehículo de vapor, entre Le Mans y París, en 18 horas. El auto (parecido a una carreta con techo y sin caballos) llevaba 12 pasajeros y alcanzaba una velocidad de 30 km/h.

Fue en la década de 1890 cuando comenzaron a surgir numerosas empresas fabricantes de automóviles, tanto en Europa como en Estados Unidos. Pero, de todas esas armadoras, sólo cuatro siguieron diseñando coches de vapor después de 1910, fueron: Stanley (hasta 1924) y Waverley (hasta 1916), en Estados Unidos; y Buard, en Francia (hasta 1914), y Miesse, en Bélgica (hasta 1926).

Para esa época, lo carros movidos con vapor poseían muchas cualidades, entre ellas, que eran silenciosos, eficientes y rápidos y contaban con una virtud adicional que en ese entonces no se tomaba en cuenta: eran limpios. Algunos modelos utilizaban carbón, petróleo o gasolina, pero su gasto era mínimo.

El sistema de propulsión de un auto de vapor tradicional constaba de una caldera de agua que se calentaba por medio de un quemador de petróleo, el cual se mantenía encendido gracias a un quemador de gasolina blanca; sin embargo, la caldera podía calentarse también con cualquier otro combustible. El vapor movía una máquina de dos cilindros y un motor accionaba directamente el engranaje de mando.

Una palanca que estaba en el volante (que controlaba la dirección del vehículo) servía para regular su velocidad. Se subía la palanca para iniciar la marcha, luego se levantaba un poco más para dar mayor velocidad o para subir las pendientes, y se bajaba para disminuir la velocidad. Un pedal era el freno y otro pedal servía para la reversa. En las primeras versiones, había que detener el vehículo cada 40 kilómetros para reabastecer la caldera con agua. Después se usaron condensadores que convertían el vapor nuevamente en agua para volver a utilizarla.

Pellandine Mk 1

Los automóviles de vapor fueron desapareciendo poco a poco, desde la década de 1920, en gran parte por la aparición del motor eléctrico de arranque y la competencia de coches de gasolina a precios mucho más baratos. Aun así, hubo algunas empresas que construyeron carros de vapor en un último intento por revivir nuevamente ese sector en la segunda mitad del siglo XX: Pritchard Steam Cars (1960), General Motors (1969), SAAB (1973) y Pelland Steamer (1974).

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