POR:Mónica Flores|FOTO:Dante Castillo
Un buen maestro logra consistentemente que los alumnos comprendan los temas de sus materias. Un maestro extraordinario logra que los alumnos se apasionen por esas materias.

Julián Nader es profesor y coordinador de Investigación del Centro Universitario México (CUM). En sus palabras, es “la escuela de la Ciudad de México que mayor cantidad de premios en ciencia se lleva cada año”. El profesor Nader tiene a su cargo a 12 profesores y seis grupos de 50 alumnos cada uno. Dentro de la escuela, coordina a los maestros de Física, Biología, Salud, Psicología, Literatura, Historia, Arquitectura y Filosofía. Nader lleva 29 años ejerciendo como maestro y, casi desde el principio, su éxito se debe a que detona una gran curiosidad en sus alumnos por comprender procesos y resolver cuestiones científicas por medio de la investigación y la creatividad.

La responsabilidad docente

“En México, somos muchos maestros quienes estamos deseosos de inculcar la investigación en los alumnos. De los 1,800 estudiantes que hay en el plantel, cada año logramos que un 10% (un aproximado de 180 a 200 alumnos) elija llevar, por las tardes, un proyecto de investigación”, afirma Nader. Para captar su interés, les propone aprender a hacer un artículo científico, conocer la metodología para poder llevar un proyecto de investigación con pasos firmes y fundamentados. “Lo que más debe disfrutar un investigador es el proceso y estar muy orgulloso de sus resultados”.

Aprovechando el largo currículum de premios que tiene tras de sí, Nader capta la atención de sus alumnos al inicio de cursos cuando les dice que: “las ciencias y sus investigaciones los pueden llevar a otros países para exponer sus trabajos. Muchos se me quedan viendo con incredulidad, pero es un primer estímulo… Cuando ya están en el proceso, se les olvida por completo pensar en concursos y se meten por completo a la investigación”.

El biólogo Julián Nader inició su carrera como maestro cuando todavía era estudiante de la carrera de Biología en la UNAM, dando clases de Biología para 5º y 6º de preparatoria en escuelas incorporadas a la DGIRE, UNAM. Al terminar la licenciatura y la maestría, trabajó en el Instituto de Biología de la UNAM durante 14 años, pero nunca dejó de dar clases. Su práctica docente comenzó en 1988, en el Colegio Tomás Alva Edison y, en 1996, dio clases en La Salle; fue entonces que comenzaron los éxitos nacionales. “Mi primer grupo era de alumnos de quinto año de preparatoria; con ellos hacíamos investigaciones… y salieron tantas cosas que ganamos el primer lugar nacional de la Tercera Feria de las Ciencias. El siguiente año me aumentaron las horas de clases y volvimos a ganar el primer lugar nacional, en la Cuarta Feria de las Ciencias”. Así inició una larga y fructífera carrera como maestro.

Ha asesorado durante 20 años investigaciones de alumnos de preparatoria, de las cuales, más de 30 han obtenido reconocimientos y premios nacionales e internacionales. Con el proyecto “Hay más espacio en el fondo” obtuvo acreditación para asistir con sus alumnos, en el área de Ciencias de los Materiales, a la Genius Olympiad 2014, en Nueva York; y con “Eco-Muros” obtuvo una acreditación para asistir al Golden Climate International Environmental Project Olympiad, que se llevó a cabo en Mombasa, Kenia, ese mismo año. Tan sólo en 2014, obtuvo cinco reconocimientos nacionales, tres acreditaciones internacionales por asesorías de proyectos y un equipo asesorado por él ganó el primer lugar del 7th Latinoamerican Expo-Sciences, en Medellín, Colombia. En diciembre de 2016, un proyecto gestado en el CUM por uno de sus alumnos, bajo la asesoría de la maestra Norma del Rocío Mireles, representará a México en el Stockholm Youth International Science Seminar, ante ganadores del premio Nobel.

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“Los maestros sí somos responsables de cambiar el rumbo de nuestro país. Si somos muchos los que inculcamos la curiosidad, por supuesto que podemos llegar muy lejos.”

Confianza en los más jóvenes

“Los maestros sí somos responsables de cambiar el rumbo de nuestro país. Si somos muchos los que inculcamos la curiosidad, por supuesto que podemos llegar muy lejos. Aquí se trata de aprender a quitarle el miedo a los muchachos a llevar un proyecto de investigación; el más sencillo o el más complejo, no importa, pero que aprendan los pasos sistematizados para lograr entender un proceso o una realidad. Todo se basa en tener la confianza en que los jóvenes pueden hacer esto y más. Todo es cuestión de creer en ellos”, afirma. “Un país que no hace ciencia, que no hace tecnología, es un país en vías de desarrollo que estará supeditado a lo que se produzca en el extranjero. Yo creo que debemos preparar jóvenes con inquietud que disfruten investigar”.

Nader habla con orgullo de lo que sucede en la escuela donde trabaja. “El proyecto que se va a Estocolmo tiene que ver con el lirio acuático. Se sacan los azúcares, y éstos se convierten en biogás. Ese biogás puede sustentar la luz de una casa. El proyecto del alumno José Espejel estuvo asesorado por la maestra Norma Mireles, una extraordinaria profesora y de ideas muy buenas que, el año pasado, ganó el primer lugar en el Nacional de Ciencias. En otros temas vinculados a las energías renovables, este año otro maestro, Orlando Domínguez, profesor de Química, lleva un proyecto muy interesante y original sobre fotoceldas; y el maestro Jesús Flores tiene un proyecto, para 2016-2017, de energía solar en casa habitación en comunidades rurales”.

Para descubrir y detonar vocaciones e intereses científicos, hacen falta maestros con altas expectativas y confianza en la capacidad de sus alumnos; y, sobre todo, maestros que disfruten lo que hacen. “Tal vez en mis años iniciales me temblaban las rodillas, porque los primeros tres años son tal vez los más difíciles para un profesor, pero ya después de 28 años dando clases, me levanto a las 5 de la mañana muy feliz por irme a mi trabajo”.

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