POR:Ira Franco|FOTO:Dante Castillo
James Smith, presidente de la consultora Carbon Trust, explica los objetivos urgentes en materia de reducción de emisiones de carbono.

La consultora británica Carbon Trust, experta en reducción de emisiones, y su presidente, James Smith, tienen mucho trabajo de aquí al año 2050: los más recientes acuerdos internacionales señalan que, para detener el gigantesco desastre que supone el cambio climático, el mundo necesita reducir 10 veces sus emisiones de carbono.

Desde hace un par de años, esta empresa (creada en 2001 como consultora independiente en implementación de energías sustentables) trabaja con algunas instancias del gobierno mexicano. Específicamente, Carbon Trust tiene como clientes a los gobiernos de Jalisco y Tabasco, que ya forman parte de un programa piloto para reducir las emisiones por zonas y por estados. Smith asegura que ésta es nuestra única oportunidad para prevenir las calamidades que ya empieza a enfrentar la humanidad por el calentamiento global. El tiempo se acabó: es ahora o nunca.

Panorama mundial y México frente a él

La atmósfera no tiene un botón de reinicio, en palabras de Smith. “Algunas personas dicen que no será para tanto, que si algo ‘se derrama, por decirlo con una analogía cotidiana, seremos capaces de ‘trapearlo’. Pero en esto, lo siento, no hay modo de limpiar. Sólo tenemos una última oportunidad para detener el desastre. La única solución es trabajar juntos, como comunidad internacional, con la mente optimista. Dependemos de ello y no se trata de sentirnos desalentados o de entrar en pánico; es cuestión de vigorizarnos para responder al reto. Se piensa que detener las emisiones es un proyecto muy caro, que costará tres billones de dólares anuales, pero pocos ven sus alcances en términos de derrama económica: realmente estamos hablando de crear 50 millones de empleos”.

Para el experto, en el mundo hay sólo un puñado de países que han contribuido activamente en este tema… y México es uno de ellos. “Sé que en México se están creando nuevas leyes, nuevos incentivos e instituciones para ese efecto. El parlamento del Reino Unido aprobó ya el compromiso internacional de reducir nuestras emisiones de carbono en un 90% para el año 2050, y pensamos aprender mucho de lo que está haciendo México porque creo que algunas de estas instituciones son mejores que las nuestras. En México hay organizaciones externas que marcan las pautas y crean directrices. Se toman más decisiones basadas en la técnica y el mercado y no sólo en términos de lo que dicta el gobierno, como en el Reino Unido”.

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Sobre la transición energética

Los cambios son paulatinos, llevan décadas. En esta primera mitad del siglo, el mundo va a necesitar más energía de combustibles fósiles, necesariamente, para sustentar su desarrollo económico. Hay grandes economías en el mundo que aún están por desarrollarse, como India, China, México… naciones cuyo crecimiento es previsible para la mitad del siglo. Smith considera que sería una lástima que tuviéramos que vencer el cambio climático a costa del crecimiento económico: “En realidad, es nuestro deber apuntar al crecimiento económico y ocuparnos de otras formas para detener el cambio climático”, pero es enfático: “Las economías van a tener que ‘decarbonizarse’. Los resultados económicos de los países van aparejados con las emisiones de carbono. No importa si son países desarrollados o no, todos tendrán que reducir la influencia del carbono en sus economías, al menos 10 veces menos de lo que tenemos ahora. ¿Podemos? Claro, que sí, la pregunta de fondo es si tenemos la voluntad y sabiduría necesarias para hacerlo. La buena noticia es que no hace falta un milagro tecnológico: ya existen las tecnologías adecuadas; ahora hay que actuar con lo que tenemos”.

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Las grandes economías que emprendan acciones para mejorar la calidad del aire hoy (en su caso, ello significa remover las viejas e ineficientes plantas industriales), lo estarán haciendo también para el futuro del mundo. Hay iniciativas en Europa, en México y Brasil, en Sudáfrica, India, Arabia Saudita, Rusia y Australia. “Si se empieza a sumar eso, da bastante: en realidad, necesitamos sólo unos 20 países (los grandes emisores) que actúen de forma conjunta para hacer una gran diferencia, pues representan casi el 70% de las emisiones. Si lo hacen ellos primero, los demás 160 países entrarán a los acuerdos paulatinamente”, afirma Smith.

“Decarbonización” profunda

Existe un programa de Naciones Unidas llamado Deep Decarbonization Pathways Project (DDPP), una colaboración entre 16 países y sus equipos de investigadores especialistas en energía para reducir las emisiones de gases de invernadero. Cada equipo ha propuesto una ruta hacia la “decarbonización”. De hecho, hay un equipo mexicano, cuyo líder es Daniel Buira (adscrito al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, INECC). Su reporte afirma que México podría crecer un 3% anual de aquí al año 2050, bajo el supuesto de que su población aumentará un 30%, con un producto interno bruto de tres billones de dólares anuales para la mitad del siglo”. En opinión de Smith, México “se convertirá en una gran economía que necesitará mucha más energía. Creo que el país tiene un gran potencial en economía solar, geotérmica y eólica. Debido al gas natural que hay, también pueden utilizarse tecnologías como el Carbon Capture Storage (CCS), donde la planta de gas emite CO2 que se puede atrapar y volver a enterrar”.

Para impulsar estos cambios, Smith opina que se debe corregir el fracaso más grande del mercado: que no haya un precio controlado para las emisiones. “Cuando pagas algo, generalmente eres más cuidadoso y, si se vuelve demasiado caro, buscas otras soluciones. También las empresas deben hacerse más conscientes. Carbon Trust ha ayudado a empresas de electrónicos, como Samsung, a tomar en cuenta la huella de carbono de sus productos, así que todo el vidrio, el plástico y el metal que utilizan tienen un parámetro de dicha huella, algo que las hace mucho más conscientes de sus emisiones”.

Algunas recomendaciones más

Otras soluciones incluyen aparatos electrodomésticos y cotidianos de energía eficiente, desde autos híbridos hasta refrigeradores que gastan poca energía. “Hay que poner especial énfasis en que los edificios inteligentes también ahorren energía. Eso lo estamos haciendo, particularmente, con gobiernos como el de Brasil. Se les ayuda a priorizar sus objetivos, apuntar a un cambio paulatino hacia otras energías, como la eléctrica en lugar del gas, la gasolina o carbón, sobre todo tratándose de autos y aire acondicionado. El gran reto es que, al hacer estos cambios, los gobiernos y empresas sigan siendo competitivos”.

Smith concluye diciendo que, como individuos, tenemos la responsabilidad de apoyar todas las iniciativas de nuestros gobiernos en este sentido, sin importar de qué partido político emanen. Hay que lograr que los políticos se pongan de acuerdo. También hay que considerar al sector privado, porque puede hacer más eficientes los procesos, pero su participación debe ser cuidada con políticas que los regulen. Y, por supuesto, hay que hacernos conscientes del modo en que usamos la energía en la vida diaria para no sumarnos al desperdicio.

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