POR:Mónica Flores|ILUSTRACIÓN:Oldemar
México aborda una tecnología que busca la recuperación del aire limpio

Según el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero de 2008, “la producción de combustibles y su uso en México genera poco más del 60% del total de emisiones de GEI, y tan sólo el CO2 representa más de tres cuartas partes”.

La captura de dióxido de carbono (CO2) es una tecnología que, como su nombre lo indica, atrapa dicho compuesto separándolo de otros gases resultantes de procesos industriales o de combustión. Para el profesor Stuart Haszeldine, de la Universidad de Edimburgo y experto en este tema, hay cuatro razones fundamentales por las cuales la tecnología de captura y almacenamiento del carbono es tan importante para el mundo: “Sabemos que usar combustible fósil libera dióxido de carbono a la atmósfera, aumentando gradualmente la temperatura del planeta. La segunda es que ese carbono liberado se disuelve en el océano, volviendo las superficies oceánicas 30% más ácidas, lo cual afecta los corales y demás vida acuática. La tercera razón es que, si sigue este proceso de calentamiento, el volumen del océano aumentará e inundará ciudades costeras del mundo”. Por último, menciona también que el CO2 afecta el clima a corto plazo causando fenómenos meteorológicos que dañan poblaciones e infraestructura. “La captura y almacenamiento de carbono permitirá guardarlo a grandes profundidades en el interior de la Tierra”, afirma el profesor Haszeldine.

¿Cómo funciona?

El maestro David Zamudio, geólogo del Instituto de Geofísica, especializado en estratigrafía, explica el proceso. “Tenemos empresas que emiten grandes volúmenes de dióxido de carbono. Las centrales eléctricas son de las empresas que más emiten. El proceso se inicia con una planta de captura de CO2. Se transporta por una tubería especial. Luego hay dos formas de utilizar el CO2: la primera es dejarlo en almacenamiento, para lo cual es inyectado a las capas del subsuelo donde se guardará. La segunda consiste en que este CO2 sea inyectado a pozos petroleros para la recuperación mejorada del hidrocarburo en campos petroleros maduros”.

El almacenamiento requiere encontrar formaciones rocosas con ciertas características. Por un lado, debe ser una unidad rocosa porosa permeable y, por otro, una roca impermeable. “Dentro de los tipos de rocas permeables de tipo sedimentario, tenemos las porosas (areniscas y calizas, entre otras), rocas que tienen estas propiedades de porosidad y permeabilidad”, explica el maestro Zamudio al referirse la roca ideal para almacenamiento. Estas rocas deben tener encima y a los lados otra roca impermeable que no permita el paso de los fluidos ni gaseosos ni líquidos. “Un ejemplo serían las arcillitas o lutitas, que generalmente están compuestas por sedimentos debajo de las 62 micras de tamaño. Estas rocas no permiten el paso de los fluidos. Se les llama ‘roca sello’ o ‘roca impermeable’ porque impide la fuga de CO2 a la superficie”.

La naturaleza, señala Haszeldine, ha demostrado que el almacenamiento puede hacerse de forma segura: “Sabemos que hay muchos sitios naturales donde el dióxido de carbono ha estado almacenado en las profundidades por circunstancias geológicas naturales. En el Mar del Norte, del Reino Unido, tenemos dióxido de carbono desde hace 16 millones de años. En algunas regiones de Italia hay zonas de almacenamiento que tienen de 5 a 10 millones de años. En Colorado, Estados Unidos, hemos encontrado zonas con almacenamiento de dióxido de carbono acumulado por 20 millones de años”.

El reto para los geólogos e ingenieros, pensando a futuro, es descubrir en México y otros países estos lugares subterráneos para poder inyectar ahí el dióxido de carbono líquido y que pueda almacenarse con seguridad durante miles de años.

 captura_info2

Pros y contras

El doctor René Chávez, doctorado en Geofísica, especializado en métodos de exploración e investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, aclara la importancia del monitoreo en este tipo de proyectos. “Si se llega a escapar, el CO2 es nocivo y, por desgracia, carece de olor (lo cual alertaría de su presencia). En caso de una fuga, éste puede acabar con la ecología de una región. El almacenamiento se debe realizar en sitios no habitados, de difícil acceso y lo más abiertos posibles, bajo ciertas condiciones. Tenemos que localizar zonas que cumplan con tales características”, afirma el doctor Chávez.

Te puede interesar:  Edificios sustentables: de la construcción a la conversión

Sobre las estructuras subterráneas ideales, el maestro Zamudio da más detalles: “Están donde puede haber fallas o trampas estructurales que ponen en contacto las rocas porosas con las que son impermeables. Esos sitios también pueden funcionar como reservorio para el almacenamiento de CO2”. Para encontrar estos sitios, se sigue una metodología idéntica a la de la exploración petrolera, porque hay que encontrar precisamente rocas con estas características. “La geofísica es muy importante para poder identificar estas estructuras en el subsuelo. Ya con estudios superficiales y el conocimiento en perforación de pozos podemos encontrar qué tipo de roca tenemos, y cuáles son las características petrofísicas de éstas para poder almacenar o no almacenar”, comenta el maestro Zamudio.

Para Haszeldine, el riesgo de una explosión es tan pequeño que resulta insignificante, y el de un incendio es inexistente. Además, la tecnología permite saber hacia dónde se mueve puede ser detectado cerca de la superficie. “Existe un buen récord a partir de la experiencia en la industria petrolera sobre el manejo del dióxido de carbono para su administración, almacenamiento y monitoreo seguro. El riesgo de guardar el dióxido de carbono es mucho menor al de dejarlo en la atmósfera. Si el dióxido de carbono permanece libre en la atmósfera, tenemos una probabilidad del 100% de que se presente el calentamiento global. Si lo inyectamos y almacenamos en lo profundo bajo tierra, tenemos una probabilidad de 1 en 1 millón de alguna fuga”.

Los tres expertos coinciden en que las zonas más favorables para almacenamiento son las regiones petroleras. Una idea es usar antiguos campos petrolíferos para el almacenamiento de CO2.

captura_mapa2

Usos del dióxido de carbono

El CO2 puede ser aprovechado por diferentes sectores, desde las industrias refresquera y química, hasta la petrolera o de biocombustibles. “El CO2 que se estaba obteniendo en un sitio de Tabasco es tan puro que una famosa compañía refresquera lo compró para usarlo en sus productos”, comenta el doctor Chávez.

En los yacimientos de hidrocarburos, el CO2 sirve para “inyectarle presión al yacimiento del hidrocarburo que está abajo y, con ello, ayudar a su extracción. Uno de los problemas que enfrentamos ahora es que gran parte de los yacimientos petroleros en México son de aceite pesado. Extraerlo es muy difícil; más o menos el 50% se queda sin poder salir. El CO2 jugará un papel importante para facilitar esa extracción”, comenta el maestro Zamudio.

Su empleo para este fin no es poca cosa. Haszeldine señala que éste puede ser importante en el proceso de transición energética de muchos países. “Los sistemas industriales actuales se pueden volver más eficientes, más limpios, sin necesidad de revolucionar todo el sistema” o mientras se van incorporando y extendiendo las energías limpias.

Para concluir, el experto de la Universidad de Edimburgo afirma que esta tecnología es una parte vital entre todas las acciones que deben tomarse para cumplir con las metas internacionales de disminución de GEI. “Debemos aprender que sale más caro seguir contaminando que invertir en tecnologías como ésta”.

No Hay Más Artículos