La energía solar térmica consiste en el aprovechamiento de la energía procedente del Sol para transferirla a un medio portador de calor, generalmente agua o aire. Antes de colocar un sistema solar térmico en un edificio, como un hospital o un hotel, el instalador debe realizar un estudio de factibilidad, para lo cual debe calcular la demanda de agua caliente que el edificio requiere cada día, con base en el número de personas que habitan el edificio y multiplicarla por el consumo promedio de 40 litros diarios de agua caliente.

Esta primera evaluación también contempla la exploración de las azoteas de la construcción para saber si es factible colocar el sistema en ese sitio y, en caso afirmativo, elegir el punto donde reciba la mayor cantidad de radiación solar posible (por ejemplo, donde otros edificios no le den sombra) y se disponga del área necesaria para su colocación. Adicionalmente, se debe contar con una base de datos meteorológicos confiable en cuanto a radiación solar y temperatura ambiente de la zona a evaluar.

“Con esos datos, el personal capacitado realiza un estudio técnico-económico para saber el tamaño del equipo que se va a instalar, cuánto sería posible ahorrar en gas, el factor solar, el tiempo y la tasa de retorno de inversión, etcétera”, explica el doctor Octavio García Valladares, investigador del Instituto de Energías Renovables (IER) de la UNAM. Comenta que el factor solar es la cantidad de energía (porcentaje) que proporcionará el sistema térmico con respecto al total de la energía requerida en el edificio. “Por lo general, estos aparatos se diseñan para aportar alrededor del 70%; el otro 30% lo da el equipo de respaldo (gas, diésel o electricidad). Es indispensable contar con un equipo de respaldo, debido a que hay temporadas con varios días nublados en las que el agua estará fría, o por si se da, en algún momento, una sobredemanda de agua caliente”.

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El tamaño de la instalación dependerá de los litros calentados que se consumen al día o al mes, y del lugar donde se realiza la instalación. En general, el retorno de la inversión de estos proyectos es menor a tres años y su tiempo de vida es superior a los 10 años.

Normas a seguir

Por fortuna, para el caso de un sistema solar térmico, no es necesario hacer trámites gubernamentales, pero sí es muy recomendable contratar a empresas reconocidas en el mercado (que tengan más años de funcionamiento que los que ofrece su garantía), cuyos sistemas estén certificados y cumplan con las normas que hay en México, como son: la NMX-ES-001-NORMEX-2005 (para captadores solares) y la NMX-ES-004-NORMEX-2010, o el Dictamen Técnico de Energía Solar para Vivienda (para sistemas solares termosifónicos). En zonas donde se puede presentar granizo es recomendable adquirir sistemas que respalden sus equipos contra hielos de al menos una pulgada de diámetro; y, para zonas de temperaturas sumamente bajas, que el sistema cuente con dispositivos anticongelamiento.

En México hay tres organismos certificadores de sistemas solares: ONNCCE (Organismo Nacional de Normalización y Certificación de la Construcción y Edificación), Normex (Sociedad Mexicana de Normalización y Certificación) y Ance (Asociación de Normalización y Certificación).

Adicionalmente, es recomendable, para la correcta instalación de los sistemas, que el instalador cuente con alguna de estas certificaciones de competencia laboral: la EC0473 Instalación de sistema de calentamiento solar de agua de circulación forzada con termotanque; o la EC0325 Instalación de sistema de calentamiento solar de agua termosifónico en vivienda sustentable. Ambas están avaladas por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (Conocer).

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