POR:Mónica Flores|ILUSTRACIÓN:Oldemar
La tarea multidisciplinaria de identificar relaciones entre ciertos factores y su influencia en la demanda energética.

En Reino Unido existe una rama de estudios muy especializada, enfocada a la demanda energética. Ian Hamilton, investigador senior y catedrático del UCL Energy Institute, en el Reino Unido, así como coinvestigador en dicho país en el RCUK Centre for Energy Epidemiology (CEE), la explica así: “El término estudia la demanda energética en una población. Cómo se comporta. Es muy importante saber cómo intervendremos para mejorar la eficiencia o el acceso. La ‘intervención’ debe entenderse como las que hacen los médicos en términos de salud poblacional. Así como ellos logran saber que un medicamento será eficiente en una población, ya en el mundo real (porque antes pudieron estudiarla en muchas personas), así nosotros estudiamos el comportamiento de una tecnología en gran cantidad de edificios o en el transporte. La epidemiología estudia la demanda del suministro, cómo funcionarán las tecnologías en situaciones reales de demanda”.

Antecedentes y objetivos

Para entender mejor por qué existe la epidemiología energética, hace falta conocer la epidemiología tal como se entiende en el campo médico. La Organización Mundial de la Salud define la epidemiología como “el estudio de la distribución y los determinantes de estados o eventos (en particular, de enfermedades) relacionados con la salud y la aplicación de esos estudios al control de enfermedades y otros problemas de salud. Hay diversos métodos para llevar a cabo investigaciones epidemiológicas: la vigilancia y los estudios descriptivos se pueden utilizar para analizar la distribución, y los estudios analíticos permiten analizar los factores determinantes”.

La epidemiología energética, como la define el Centro para la Epidemiología Energética del Consejo de Investigación del Reino Unido (RCUK), toma y adapta el enfoque epidemiológico para estudiar, describir y medir la demanda de energía en determinada población o a nivel nacional. Sus especialistas identifican la relación entre ciertos factores y su influencia en la distribución de la demanda energética. Ello permite, además de crear un marco estadístico, el análisis e interpretación de datos que, a su vez, hacen viable el desarrollo de modelos. “Estudiamos sitios vulnerables energéticamente, o empresas, cuál es su potencial para mejorar, para incorporar energías renovables, cómo podemos ayudarles a migrar”, afirma Hamilton.

Uno de los principales objetivos de la epidemiología energética es la reducción en el consumo de energía y la emisión de CO2. Para lograrlo hace estudios interdisciplinarios que combinan desde ciencias sociales y economía, hasta cuestiones de ingeniería y física.

Es una indagación interdisciplinaria, facilitadora e iluminadora, que parte de las perspectivas de la economía y las ciencias sociales, así como de los procesos físicos y sistemas de ingeniería. Fomentará el desarrollo de nuevas tecnologías, cambios en los hábitos de consumo y en las políticas, y está orientada a la acción.

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Áreas de investigación y ejemplos

El área de investigación que abarca la epidemiología en energía se divide en cuatro áreas principales: la metrología, el marco informático, análisis y, teoría y modelos. Los temas más importantes a cubrir son edificaciones (residenciales y no residenciales) y transporte (aéreo, terrestre y acuático). El CEE trabaja distintas líneas de investigación con distintos tipos de clientes. Con el gobierno de Londres, por ejemplo, analiza la contaminación y el transporte; con el gobierno nacional, calcula el costo-beneficio de intervenciones de eficiencia-energética domésticas. Para la industria analiza la demanda doméstica de energía asociada a mayores utilidades. En sus alianzas académicas, el CEE busca crear un consorcio de datos entre universidades del Reino Unido para compartir datos de forma segura y comercial.

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Para Tadj Oreszczyn, director de The Bartlett School of Environment, Energy and Resources (BSEER), director del RCUK y profesor de Energía y Medio Ambiente, en el UCL Energy Institute, la función final de la epidemiología energética es velar por la calidad de vida que tenemos y conocemos: “Usamos la energía para mejorar nuestra calidad de vida. Por ejemplo, hace falta mucha energía para sostener los estándares de calidad en la atención de la salud. Y no se trata de reducir eso… pero a veces también la desperdiciamos. Hay edificios que gastan mucha luz, aun estando vacíos. La mayoría de las personas sólo quiere vivir su vida sin tener que pensar en la energía. Nuestro trabajo es procurar que las vidas realmente no cambien, pero sí volver más eficiente la energía”.

Conocimiento aplicable a México

En 2016, tanto Hamilton como Oreszczyn impartieron conferencias en la Ciudad de México. Para Hamilton, muchos países, entre ellos el Reino Unido, están en un momento específico donde la epidemiología energética tiene mucho que aportar: “Enfrentamos retos similares. Necesitamos poner mucha atención en la demanda de energía. Hay muchas tecnologías con las que podemos mejorar los servicios en edificios ineficientes. Por eso, es muy beneficioso hacer este tipo de intercambios académicos: compartimos y colaboramos en términos de igualdad”.

Oreszczyn coincide en que es global la necesidad de mejorar la eficiencia energética. “Es un reto en todas las naciones del mundo, aunque cada país tenga particularidades. Es muy importante que la población reduzca sus emisiones de carbono. Si un individuo las reduce, está bien, pero necesita ser un trabajo en conjunto, un logro poblacional para que realmente impacte. Y eso es lo que estudia la epidemiología energética; estudia qué pasa en la población. Gobiernos e industria también deben saber qué eleva el consumo energético, cómo se comporta la demanda poblacional, qué tan buenas son las tecnologías cuando se aplican, qué políticas pueden reducir las emisiones de carbono”.

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