POR:Wenceslao Bruciaga y Carolina Escobar|ILUSTRACIÓN:Oldemar
A partir de 2016, el Centro Mexicano de Innovación en Energía del Océano coordina los esfuerzos académicos de todo el país para el estudio y desarrollo de tecnologías especializadas en el sector de las energías renovables.

En México se cuenta con 11,122 km de litoral continental: 8,475.1 km en el Océano Pacífico, el Mar de Cortés y el Golfo de California y 3,117.7 km en el Golfo de México y el Mar Caribe, que conforman la cuenca del Océano Atlántico. Con esta superficie, nuestro país ocupa el segundo lugar en América, superado sólo por Canadá. Este litoral continental se distribuye en 17 entidades federativas, 11 de ellas en el Pacífico y seis en el Atlántico. Son 153 los municipios que cuentan con frente costero y en éstos se asientan 35,626 localidades. Las oportunidades que tiene México de obtener energía del mar son tan grandes como el esfuerzo, tiempo y recursos que ello requerirá. La situación actual que enfrenta el planeta plantea atender de inmediato estos retos y resolver favorablemente este momento histórico; estamos ante una gran oportunidad para apoyarnos en nuevas formas de conseguir energía. Científicos de varios países trabajan hoy concretamente en una: la de los mares. La razón es que ésta posee un alto potencial de generación de energía limpia.

A principios del nuevo milenio, la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) constituyó la iniciativa Ocean Energy Systems, cuyo objetivo es impulsar el desarrollo tecnológico alrededor de la energía producida por la fuerza del océano. “Al parecer, la energía marina es una de las que tienen mayor capacidad para que el hombre pueda aprovecharla y adaptarla”, explica el doctor Rodolfo Silva Casarín, especialista en ingeniería oceanográfica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actual responsable técnico del Centro Mexicano de Innovación en Energía del Océano (CEMIE-Océano). ¿En que consiste exactamente esta alternativa?

El poder de las olas

El sector científico dedicado a obtener energía del océano estudia cómo aprovechar mareas, corrientes marinas, oscilaciones del nivel del mar, gradientes de temperaturas y gradientes salinos. La extensión territorial de México permite explotar prácticamente todos los recursos energéticos marítimos. “Si bien los avances de las tecnologías solares y eólicas están bien documentados, las tecnologías océano-motrices empiezan a despuntar en sus fundamentos, conceptos y prototipos: en los recursos energéticos de los mares, islas y costas se encuentran muchas de las soluciones al actual dilema de la energía de nuestra civilización. México, en especial, con casi 12 mil kilómetros de costas, más de mil islas y abundantes recursos solares y eólicos, debe incluir a sus mares en los proyectos de desarrollo energético”, explican especialistas de la UNAM y del Instituto Politécnico Nacional*.

De acuerdo con Vanesa Magar Brunner, investigadora en oceanografía física egresada de la Facultad de Ciencias de la UNAM y con especialidad en dinámica de fluidos con aplicaciones a oceanografía biológica por parte de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, el Caribe mexicano es rico en gradientes térmicos y salinos. Es decir, este mar presenta distintos grados de temperatura entre la superficie y el fondo y, con estos cambios constantes de temperatura, se puede generar electricidad con un transformador conocido como Ocean Thermal Energy Conversion (OTEC). “En México se han identificado varios sitios que cumplen con las condiciones para instalar plantas de OTEC, como las costas de Jalisco, Oaxaca, Quintana Roo (frente a Cozumel) y Cabo San Lucas, en Baja California Sur”, afirmaba en 2012 el doctor Miguel Ángel Alatorre Mendieta, especialista del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM 1.

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Desde Baja California hasta Mérida

Las mareas proporcionan una fuerza que puede aprovecharse con una dinámica similar al funcionamiento de las presas hidroeléctricas: “En el caso de México, la energía concentrada promedio en una ola se encuentra entre los 20-30 kW/m. El desafío técnico de transformar esta inmensa energía disponible en electricidad ha tenido una respuesta positiva, como puede constatarse en las decenas de dispositivos concebidos y construidos”, explican expertos 2.

De acuerdo con Alatorre Mendieta, algunas zonas nacionales idóneas para la instalación de estos generadores de energía por corrientes marinas son el Canal de Cozumel y los ubicados entre las grandes islas en el Golfo de California. También el Mar de Cortés contiene mucha energía por mareas, y por corrientes, agrega Silva.

“Actualmente, aquí en el Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE), en colaboración con el CEMIE-Océano, tenemos un proyecto de turbinas marinas para el Golfo de California. México está aportando tecnología de innovación muy avanzada, por ejemplo, ya contamos con dispositivos que se están desarrollando muy cerca de un nivel comercial, como los absorbedores puntuales que se instalan en muelles”, comparte la doctora Magar.

La especialista menciona, asimismo, que, en Ensenada, en el Puerto del Sauzal, se encuentra un dispositivo generador de energía mediante oleaje que está a punto de echarse a andar. En este proyecto participan tanto el CISESE como la Universidad Autónoma de Baja California y la iniciativa privada.

Y así, distintos centros de investigación, desde Mérida hasta Baja California, pasando por Colima y Coahuila, trabajan arduamente en innovación, en materiales o en prototipos para el estudio y aprovechamiento de la energía del océano.

Los principales retos

“El primer desafío tecnológico a enfrentar es la implementación/mejora de las mediciones y datos disponibles para establecer las variaciones espacial y temporal de la energía del océano a una escala global, nacional y local, y definir sitios clave para la extracción de las fuentes de energía”, explica un documento publicado por la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

Por ello, uno de los proyectos con mayor prioridad es el de desarrollo y actualización de mapas, “un sistema de información donde tengamos una valoración correcta de cuál es la energía disponible. Ése es un proyecto transversal para todos los tipos de energías que se van a evaluar en el CEMIE-Océano”, comenta el doctor Silva Casarín.

Hay que tomar en cuenta que las condiciones marítimas de México son distintas a las de otras regiones del mundo que disponen de tecnología ya probada. Los especialistas coinciden en que los huracanes son un factor muy importante a considerar a la hora de construir prototipos y probar materiales. Además, los dispositivos deben ser desarrollados con materiales que no alteren el equilibrio natural de los ecosistemas marinos. Por ello, México busca innovar en cuestión de componentes de energía marina, procesos, sistemas de control o diseños de software para optimización de desempeño y medición de impactos ambientales.

“No debemos olvidar que el Mar de Cortés es un acuario natural, una de las grandes riquezas que debemos conservar. Entonces, si llegamos con este tipo de tecnología, ésta tiene que ser ad hoc para no interferir con los procesos naturales. Y lo mismo para el Mar de Cortés, el Golfo de México, el Mar Caribe y demás”, subraya el doctor Silva Casarín.

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El reto inmediato en nuestro país, respecto a la energía del océano, es la formación de recursos humanos: “De momento, lo que tenemos es ingeniería civil. Pero en México no tenemos ni una sola escuela dedicada a formar especialistas en el aprovechamiento de energías marinas. Hemos tenido que sumar experiencias y capacidades entre muchos centros para tratar, entre todos, de ir armando este rompecabezas que se llama ‘aprovechamiento de energía en el mar’. Considero que lo más conveniente es ir formando ya investigadores con una visión más integradora”, reflexiona Silva Casarín, para quién el futuro es prometedor: “Preveo que, en 30 o 50 años, la mayor cantidad de energía aprovechada va a provenir del mar, ya sea eólica (granjas eólicas en el mar) o directamente de la parte hidráulica. Para algunos usos, como sistemas de enfriamiento, se podrá usar agua del fondo del mar que ni siquiera tendrá que pasar por el proceso de producir electricidad”, concluye el responsable técnico del CEMIE-Océano.

FUENTES:
  1.  Boletín UNAM, DGCS-602
  2.  Rafael Sánchez-Dirzo, Rodolfo Silva-Casarín, Edgar G. Mendoza-Baldwin y Rosa de Guadalupe González-Huerta; TIP, Revista Especializada en Ciencias Químico-Biológicas, 15(1):49-61, 2012

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