¿Quieres conocer uno de los peores hábitos en la vida de un estudiante? La procrastinación. ¿Tiene remedio? Sí. Y es muy sencillo. Así que, manos a la obra.

Procrastinar, según la Real Academia de la Lengua, significa “diferir, aplazar”. Los procrastinadores tienen dificultades para comenzar, sostener y concretar acciones que los lleven a alcanzar metas. Para Barbara Oakley, autora de A Mind for Numbers, “procrastinamos las cosas que nos hacen sentir a disgusto”.

La procrastinación académica implica dejar intencionalmente para después las tareas, los escritos, las lecturas, la tesis y una larga columna de pendientes. Los estudiantes que procrastinan, aun cuando pueden sufrir ansiedad, culpa y malestar, quizá no sepan muy bien cómo vencer este fenómeno. Afortunadamente, los neuropsicólogos, psicólogos y científicos del aprendizaje han dedicado tiempo a entender mejor este hábito que impacta tanto en el aprendizaje como en los logros, la eficacia académica, las oportunidades y hasta la salud, autoestima y calidad de vida.

¿Qué pasa en el cerebro?

La neuropsicología lo explica de la siguiente manera: Cuando piensas en algo que preferirías no hacer, se activa la corteza insular, el área del cerebro asociada al dolor. Para evadir ese estímulo negativo, el cerebro centra su atención en cualquier otro estímulo más atractivo y agradable y, gracias a la distracción, el malestar del estímulo negativo es rápidamente superado. Afortunadamente, existen algunos trucos para reeducar al cerebro.

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1. El primero es no permitir que el ciclo de la procrastinación se cumpla. ¿Tienes que hacer tarea? ¿Hay que leer un capítulo? ¿Sabes que deberías repasar los apuntes de la clase del día? Hazlo. ¿Cómo? Usa la función del temporizador de tu celular (o fija una meta en el reloj). Regálate un entrenamiento de 25 minutos para demostrarle a tu cerebro que sí puedes hacer eso que cree que es tan desagradable. No es la tarea la que resulta dolorosa: es el pensamiento anticipado de “todo lo que hay que hacer”. La frase popular de “no lo pienses, sólo hazlo” coincide con el consejo que te daría un experto.

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2. Una vez que te enfocaste en la dichosa tarea o actividad y termina el tiempo que te fijaste, date un premio (puede ser algo muy sencillo, la única condición es que sea agradable para ti). Reeduca a tu cerebro.

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3. Hazlo otra vez. Date un nuevo espacio temporal para pensar, escribir o leer. Sólo hazlo; de ese modo, estás creando nuevos patrones neuronales en tu cerebro. Así se aprende, así se adquieren nuevos bloques de conocimiento.

Nota: Cada vez que te invadan frases como “lo hago después”, saca tu celular, ponlo en la función “temporizador”, escoge un lapso y date unos minutos para hacer aquello que crees que no quieres hacer. Luego date un premio simbólico. Erradicar el ciclo de la procrastinación es fácil; sólo debes empezar… ¡ahora!
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