Cuando se habla de radiación solar, se hace referencia a toda la energía que proviene del Sol, estrella que se comporta como un reactor, que transforma energía nuclear en energía de radiación, misma que llega a la Tierra.

La clave para explotarla de manera eficiente es medirla y hacer un mapeo adecuado para conocer cómo, dónde y cuánta llega. Esta información permite decidir y ajustar la tecnología que se usará para su óptimo aprovechamiento.

El doctor en Geografía Mauro Valdés Barrón explica que el Sol emite una radiación continua, aunque llega a tener variaciones hasta de cuatro por ciento debido a diversos factores astronómicos. Cuando la radiación penetra en la atmósfera de la Tierra, sufre una serie de cambios y la calidad de ésta depende de la cantidad de partículas o gases que encuentra a su paso, dando origen a tres tipos de radiación:

Radiación solar: La que llega directamente del disco solar (no tiene reflexiones ni refacciones intermedias).

Radiación difusa: La que, al atravesar la atmósfera, es dispersada o reflejada debido a nubes, partículas, gases o densidad atmosférica.

Radiación global: La resultante de la suma de ambos tipos de radiación.

La potencia de radiación varía dependiendo de diversos factores: latitud y altitud del lugar, momento del día y condiciones atmosféricas o climatológicas.

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