POR:Hugo Arce Barrueta
La startup Gas Verde nació en el estado de Guanajuato y su éxito se basa en haber aprovechado un área de oportunidad: la reutilización de residuos de frutas y verduras con el fin de generar biogás y electricidad a bajo costo y por medios que no dañan el medio ambiente.

Los inicios

La idea de la empresa Gas Verde se incubó en la mente de Santiago Gutiérrez mientras estudiaba en la Universidad de Guanajuato. Ahí cursó la licenciatura en Ingeniería Mecánica, en 2008. Más tarde hizo dos maestrías, una en Termofluidos y otra en Gestión e Innovación. Hoy está por terminar su doctorado en Ingeniería Química.

Ese espíritu incansable para la adquisición de conocimientos provocó que, en 2011, naciera el plan de crear una solución para un mercado que no estaba siendo atendido: generar energía a través de desperdicios y desechos orgánicos en lugares como centrales de abasto y empacadoras de alimentos. El nombre del proyecto fue Gas Verde.

Al principio, Gas Verde comenzó a atender a pequeños y medianos productores que generaban residuos agrícolas. Con el tiempo, su tecnología fue madurando y comenzaron a atender a la Central de Abastos de la ciudad de Irapuato (donde cada día se generan 10 toneladas de desechos orgánicos) y algunas empacadoras de alimentos que producen residuos, principalmente de frutas y verduras.

La compañía se constituyó formalmente en 2014 y, poco después, el proyecto ganó el primer lugar en la tercera edición del Premio de Innovación Sustentable (2015), otorgado por la Universidad Iberoamericana y Walmart de México y Centroamérica. De parte de la cadena de supermercados recibió apoyo económico (70 mil pesos) y también este año ha contado con la asesoría de la aceleradora de negocios The Pool, para trazar un plan de rentabilidad a largo plazo.

Instalación en la que los residuos de alimentos se transforman en biogás. Foto: Agencia ID.

Instalación en la que los residuos de alimentos se transforman en biogás. Foto: Agencia ID.

La solución

Gas Verde reutiliza los residuos orgánicos a través de un biodigestor que permite el aprovechamiento de esos materiales para generar biogás y electricidad.

Los biodigestores son bolsas herméticas sin aire en donde, con ayuda de bacterias, se descompone la materia generando biogás, que es gas metano que puede sustituir al gas LP, gas natural, gasolina y diesel; además puede crear energía eléctrica. Gas Verde cultiva una bacteria con la capacidad de estabilizarse y transformar de manera adecuada los residuos de frutas y verduras. “Este proceso es muy barato. Nuestro objetivo ha sido mejorar la tecnología y abaratarla para que cualquier persona tenga acceso a ella. A partir de 2014, con nuevos precios y métodos más baratos de manufactura, cualquier empresa o pequeño productor puede contar con ésta”, explica Santiago Gutiérrez.

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A sus 30 años, Santiago tiene registradas tres patentes con la Universidad de Guanajuato: la del diseño del biodigestor, el sistema de purificado y un sistema móvil. Cuenta, en total, con cuatro diseños industriales de cada uno de los componentes del biodigestor.

El mercado para estos equipos es muy grande. No hay centrales de abasto o empacadoras de alimentos que tengan un biodigestor: aún manejan el sistema de confinamiento de residuos en rellenos sanitarios.

Los beneficios

Con la producción de esta energía, a la cual el emprendedor llama “gas verde”, es posible combatir los altos costos de gas LP, gas natural o electricidad en las pequeñas y medianas empresas. El proceso es natural y no produce CO2, como lo hacen los combustibles fósiles.

Este gas limpio no sólo es consumido por las empresas que hoy tienen un biodigestor, también ha beneficiado a comunidades rurales, ya que Gas Verde, en alianza con la Secretaría de Desarrollo Agroalimentario y Rural, ha llevado su tecnología a familias de escasos recursos en Jerécuaro, San Miguel de Allende, Santa Ana Pecueco, La Piedad, León y Salamanca, poblaciones cuyos habitantes ya han comenzado a dejar de utilizar el gas LP y la leña para calentarse, para cocinar y para alumbrar.

Los planes

Estos proyectos también han sido realizados en colaboración con empresas privadas que apuestan por las energías renovables. La visión de Santiago es que su producto no se quede en las centrales de abasto y en las comunidades rurales; quiere llevarlo a niveles empresariales e industriales a gran escala.

Luego de ganar el premio de Innovación Sustentable 2015, Gas Verde entabló pláticas con la cadena Walmart para instalar un biodigestor en una de sus sucursales y aprovechar todos los desperdicios orgánicos de la tienda. Santiago tiene también la misión de viajar a Silicon Valley para mostrar su proyecto y obtener apoyo internacional.

“Visualizamos a Gas Verde, en pocos años, como una de las principales empresas dominantes en el mercado nacional, proveyendo de energía limpia a las principales ciudades del país y contribuyendo a eliminar la huella de carbono”, comenta Santiago, y agrega que aún sigue luchando con algunos obstáculos que no le han permitido crecer a un ritmo acelerado: el escepticismo, tanto de muchas compañías como de posibles inversionistas, respecto a las nuevas tecnologías y la juventud de los emprendedores mexicanos.

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