POR:Mónica Flores
La respuesta nos la da Raúl Hernández Sánchez, un joven científico mexicano que está por terminar su doctorado en Química en Harvard.

Podemos empezar por la siguiente premisa: “El problema fundamental de las energías renovables no es ya que se puedan generar; el reto ahora es almacenarlas cuando no hay demanda”, afirma Raúl Hernández Sánchez, un joven y accesible científico mexicano de 27 años que realiza su doctorado en Química Inorgánica en Harvard. Y las baterías de flujo parecen ser la respuesta o, al menos, una opción de almacenamiento que está “causando euforia” en la academia, como lo relata Hernández Sánchez.

En la última década surgieron las baterías de flujo. ¿Para qué servirán? Para almacenar una cantidad sustancial de energía eléctrica que pueda ser portátil pero que también pueda funcionar a gran escala. Una batería para guardar la energía colectada en un día soleado o generado por turbinas eólicas. “Podrán aplicarse a instrumentos que demandan una mayor cantidad de energía, como puede ser un hospital, una industria, una casa”. Podrían también transportarse: “Tener la batería donde están las turbinas eólicas, cargarla, y transportarla a donde haga falta, como si se tratara de cargar la batería de un celular pero en grandes dimensiones”.

Hernández trabaja en diseñar una parte específica de la batería de flujo: la molécula que estará en ella. “Yo soy químico y el grupo de investigación donde trabajo es de químicos. Nosotros diseñamos una molécula idónea, que supere lo que se conoce ahora, para mejorar la química de la batería”.

Da la impresión de que la industria de almacenamiento se encuentra en una carrera por desarrollar la mejor, la más revolucionaria, la más rentable batería. “Ahora todos estamos concentrados en escalar y escalar y escalar. No hay límite. Lo que vaya adentro de la batería va a determinar la cantidad de tiempo que durará la misma”.

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Las baterías de flujo son ideales para usarse con sistemas donde la generación de electricidad sea mayor que la demanda.

El poder de una buena pregunta

Raúl Hernández Sánchez ingresó a Harvard a los 23 años después de ganar una beca del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Su determinación por ser químico, vocación que descubrió en la infancia (cuando veía películas mexicanas con laboratorios “donde siempre había humito en vasos de precipitado”), y su disposición y deseo de trabajar con los mejores del mundo, lo llevó hasta ahí. Entró al laboratorio de Theodore Betley, profesor de Harvard y su asesor.

El proyecto inicial de su doctorado no consistía en estudiar baterías de flujo sino moléculas polinucleares: sintetizarlas, analizarlas a través de espectroscopia, métodos magnéticos y electroquímicos. Lo que Hernández quiso desde un principio fue entender qué tipo de acoplamiento tienen estas moléculas complejas. ¿Y una cosa lleva a la otra? Sí, podría decirse. “En una ocasión, uno de los resultados electroquímicos de una de estas moléculas fue presentado en una conferencia. Ahí alguien preguntó si ya habíamos considerado usar una de estas moléculas para baterías de flujo. Yo no era el ponente; lo era mi asesor, Ted Bentley. Cuando acabó el evento, ya a solas, me preguntó si lo podríamos hacer, si podríamos usarla para ese fin. Estas moléculas son muy complejas, son moléculas de laboratorio y, aplicarlas a escala comercial, suena impensable. Analizando más, pensamos que sería muy interesante aplicar este principio pero en moléculas mucho más sencillas, moléculas que pudieran sintetizarse a gran escala y que no fueran caras de producir, ni tóxicas. Comenzamos a pensar en ello y, hace aproximadamente dos años, empezamos a diseñar moléculas que cumplieran con estos principios electroquímicos fundamentales para, entonces, poder trasladarlos a una batería de flujo. Así empezó todo”, rememora Hernández.

¿Qué ventajas presentan éstas frente a otros tipos de baterías?

Hernández explica: “Las baterías de flujo son recargables, y eso, de entrada, es una competencia muy fuerte contra otras baterías”. Las de litio, por ejemplo. “Las baterías de litio son excelentes. Tienen los voltajes más grandes, pero sufren de problemas técnicos para su construcción a gran escala. Ahí entran las ventajas de la batería de flujo. Son ideales para usarse con sistemas donde la generación de electricidad sea mayor que la demanda. Estas baterías se visualizan para aplicaciones futuras en muchas áreas. Pueden ser también baterías de suministro en las líneas de distribución; no tienen que estar necesariamente en una planta generadora, pueden estar en una línea de distribución y acopladas como una batería de soporte”.

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