Podríamos decir que algunas de las musas de los científicos concentrados en crear nuevos materiales vuelan en los jardines de cada facultad de ciencias y cada instituto de investigación. Sólo algunas, porque otras criaturas nadan en el mar, tejen redes en alguna esquina o son (no tan simples) chinches que extraen sangre de mamíferos.

Durante la segunda década de este siglo, alguno de los materiales más novedosos fueron creados o descubiertos después de estudiar insectos y otros animales.

Dos buenos ejemplos:

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En el acercamiento se muestra como el cuadrado nanotexturizado de silicona bloquea completamente el reflejo comparado con la oblea de silicona que lo rodea.Foto: Brookhaven National Laboratory

    • Los ojos de las polillas y las alas de las cigarras fueron el punto de partida para crear un recubrimiento antirreflejante que mejora la eficacia energética de las celdas solares. Muchos laboratorios trabajan en películas con estas características.
    • La propiedades del quitosano, sustancia presente en la piel de insectos y cabezas y caparazones de camarones, ayudaron a la creación del shrilk, material que es dos veces más fuerte que el plástico y que es, además, biodegradable. En su primera versión, el shrilk contenía seda, pero como ello encarecía su producción, en 2013, el equipo de investigadores del Wyss Institute for Biologically Inspired Engineering, de Harvard, que trabaja en este material, realizó una versión sin seda. Para ellos, su hallazgo es el rescate, no el invento, de uno de los materiales más abundantes de la Tierra y podría tener aplicaciones que sustituyan al plástico.
FUENTE: Wyss Institute for Biologically Inspired Engineering of Harvard; Eurekalert
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