POR:Lariza Montero
Infraciclar, supraciclar, las tendencias que definen y transforman nuestra interacción con los objetos. Todo apunta hacia una cultura en la que la materia no “se tire”, sólo se “transforme”.

Érase una vez un mundo sin basura. En la antigüedad, los primeros pobladores de este planeta, cuando eran cazadores-recolectores, aprovechaban todo lo que el entorno les ofrecía, sin que su interacción con la naturaleza fuera relevante para ella. Aun así, existen restos arqueológicos que sugieren que, en algunos lugares, enterraban sus residuos.

Cada civilización diseñó diversas formas de gestionar sus residuos. Por ejemplo, en la antigua Atenas, un edicto obligó a sus habitantes a no tirar basura a menos de mil metros de distancia de las murallas de la ciudad; los romanos liberaban cerdos para que se comieran los desechos de las calles. Algunos países tuvieron “rastrilleros”, hombres que recogían los residuos de las calles. Para encontrar casos extremos relacionado con la basura y los basureros en otras épocas, no hace falta ir muy lejos en el tiempo. Según comenta la historiadora María de los Ángeles Rodríguez en su libro Usos y costumbres funerarias en la Nueva España, era costumbre arrojar a la basura los cuerpos de personas excomulgadas, protestantes o suicidas.

Sin embargo, la antigua México-Tenochtitlán fue un ejemplo de ciudad limpia. A decir del maestro. Sergio Palacios Mayorga, investigador del Instituto de Geología de la UNAM, los primeros habitantes de lo que hoy es la Ciudad de México consumían productos naturales y artesanales y los residuos que generaban (plumas, pieles, huesos, sobrantes de alimentos, etcétera) los reutilizaban para hacer objetos como: herramientas, ropa, armas, ornamentos y composta. Esa cultura tenía un complejo sistema sanitario (especie de letrinas) que convertía sus desechos biológicos en abono natural. Estaba prohibido comer en las calles y tirar residuos. “Cuando llegaron los españoles a este territorio, se quedaron asombrados porque aquí todo estaba limpio y en orden”, comenta. Pero, para 1790, la basura comenzó a acumularse y se puso en marcha un sistema de limpia con carros de tracción animal y se construyeron tiraderos fuera de la ciudad.

reportaje2_1

Bote, cesto, basurero… el invento más conveniente

Así como el sedentarismo marcó un parteaguas en el aumento de residuos, siglos después, con la llegada de la Revolución Industrial, la producción en serie y el aumento de bienes, comenzó el derroche y el desecho. Con ello, apareció el fenómeno de la basura.

Para el investigador Palacios Mayorga, la basura no existe, sino que se crea cuando se mezclan residuos de diversas procedencias. La basura es materia y, como reza la teoría, ésta “sólo se transforma”.

La industrialización y la tecnología no sólo han creado más desperdicios, también han generado nuevas formas de basura: residuos industriales, agrícolas, sanitarios, sólidos urbanos, así como tipos de peligrosidad: inertes, tóxicos, peligrosos e incluso radiactivos. Según el tipo de basura, su tipo de huella para el medio ambiente.

Annie Leonard, autora y presentadora del video Story of Stuff, sostiene en este documental que, después de la Segunda Guerra Mundial, las economías estaban en recesión y, para reactivarlas, el analista de mercado Victor Lebow, propuso hacer del consumo un estilo de vida en el que la satisfacción emocional y espiritual estuvieran ligadas al consumo.

La ambientalista señala que desde entonces se echó a andar la maquinaria de la llamada “economía de los materiales”, que se basa en el proceso de extracción, producción, distribución, consumo y disposición. Y, la otra cara del consumo, la que no tiene que ver con los satisfactores, se basa endos conceptos responsables de alimentar nuestros basureros: la obsolescencia programada (productos que se fabrican para que duren un tiempo determinado) y la obsolescencia percibida (noción popular de que algo ya no está de moda). Estas dos últimas maneras de abordar a los objetos que usamos mantienen aceitado el engranaje del consumo constante. ¿A dónde va a parar esa basura?

reportaje2_2

Botellas supracicladas de forma creativa por diseñadora austriaca. / Diseño: Zitta Schnitt, 2004 / Foto: Paris Tsitsos

Soluciones y manejo de residuos

Actualmente existe un movimiento emergente, encabezado por el arquitecto estadounidense Bill McDonough y por el químico alemán Michael Braungart. Ambos son creadores del modelo Cradle to Cradle, el cual propone un cambio de mentalidad respecto a la basura y la producción. Estos son los principios fundamentales de su propuesta: todo producto debe diseñarse para poder después desensamblarse y recuperarse. Su fabricación debe usar energía renovable. La producción debe mantener o mejorar la calidad del agua. Se realiza bajo reglas de comercio justo.

Entre los términos más útiles para entender esta revolución de los residuos, están los siguientes que, en sí, encierran dos maneras de tratar al mundo. Infraciclar (del inglés downcycling) se aplica cuando algo se reusa pero pierde calidad y valor en el proceso de reciclaje. Supraciclar (del inglés upcycling) significa hacer que un producto vuelva al sistema de producción y se transforme en algo tanto o más valioso; también se trata de darle al producto un agregado “valor ambiental”.

Esta especie de “reencarnación de los productos” tiene ya varios ejemplos a la venta: La silla modelo Mirror, de la marca Herman Miller, es desmontable, todas sus piezas son biodegradables y se pueden reutilizar por completo. Las camisas alemanas Trigema que están hechas de telas orgánicas sin tóxicos y con tintes naturales. La línea de zapatos tenis Nike Considered, hechos con fibras naturales, materiales 100% reciclables y derivados agrícolas, que se desmontan fácilmente. Por su parte, Unilever ha creado una envoltura de helado que, al desecharse a temperatura ambiente, se vuelve líquida y libera semillas de distintas plantas.

¿Qué significa esto? Que la creatividad usada para vender también puede usarse para buscar una sana relación con el planeta.

Biomasa, energía 

La biomasa es la materia que se obtiene de los residuos orgánicos; es un recurso natural de carácter renovable. Existen diferentes tipos de biomasa: agrícola, forestal, ganadera, industrial, acuática…

Mediante procesos mecánicos, biológicos o termoquímicos, la biomasa se transforma para obtener productos o biocombustibles. Estos últimos se caracterizan por evitar emisiones de bióxido de carbono a la atmósfera y, además, sustituyen el uso de combustibles fósiles; es una fuente ecológica y abundante.

En Suecia, cerca del 20% de la energía que se consume proviene de la biomasa. En México, según el doctor Arturo Gavilán, director de Investigación del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, hay cinco proyectos de reactores en etapa de pruebas piloto para generar bioenergía a través de la biomasa que, en combinación con digestores de excretas de granja o bovinos bastan para crear suficiente carga orgánica. Dichas iniciativas se llevan a cabo en Jalisco, Michoacán, Estado de México, Chiapas y Nayarit. También la Comisión Federal de Electricidad y algunas empresas privadas se encuentran en etapas avanzadas de desarrollo de proyectos para la generación de energías limpias con biomasa.

El futuro

Aunque en cada época y cada lugar surgen nuevos satisfactores, las actuales generaciones están creciendo con una mirada preocupada por el planeta y su conservación. Con pequeñas acciones, como enseñarles a separar la basura, fomentar el pensamiento creativo que encuentre cómo supraciclar objetos de uso cotidiano, tal vez hacer compostas sencillas con los desperdicios orgánicos o darle mantenimiento a una pequeña huerta con verduras y hierbas, los niños de hoy estarán un paso más lejos del consumismo voraz y la basura, y un paso más cerca de las energías limpias.

No Hay Más Artículos
X