Si realmente queremos disminuir nuestra huella de carbono y el calentamiento global, quizás debemos empezar por los edificios, que, de acuerdo con Erin McConahey, ingeniera líder mundial en temas de sustentabilidad, representan el 40% del uso de energía en Estados Unidos.

Si alguien sabe de cuánto es responsable la industria de la construcción del calentamiento en el planeta, es Erin McConahey, miembro directivo de la empresa Arup, en California, una firma global de consultores e ingenieros responsables de obras magnas, diseminadas por todo el mundo: los proyectos más audaces de la empresa incluyen el puente Millenium, en Londres; el Centro Acuático de Pekín y el que se convertirá en el edificio más alto de Latinoamérica al ser terminado, la Torre Reforma, en la Ciudad de México.

Desde su trinchera, McConahey está haciendo algo aun más audaz: convencer a los grandes inversionistas de que un edificio sustentable no sólo es más barato a largo plazo, sino que es posible salvar el planeta paso a paso: un edificio a la vez: “Si contamos que 40% del uso de energía en Estados Unidos proviene de los edificios, entenderemos por qué el esfuerzo de los gobiernos está puesto en estas legislaciones que ya no toleran que se malgaste la energía. Muchas leyes reflejan la consciencia del impacto que tienen los edificios en el calentamiento global”, dice la experta.

Parte de su rol como consultora en Arup es ayudar a los propietarios a ver estas perspectivas de ahorro a largo plazo, aunque no siempre es fácil. “El problema es que hay gente que hizo su último edificio hace quizás ocho años y ya pasaron dos ciclos de renovación en cuanto a códigos de energía. Hay que decirles que el mundo está cambiando muy rápidamente a nuestro alrededor y las expectativas que tenemos como ciudadanos globales han ido hacia adelante; así que tenemos que guardar los nuevos códigos de sustentabilidad básica”, dice McConahey.

Para la consultora, estos códigos de sustentabilidad mínima y de reducción de emisiones para la construcción de edificios han sido el principal motor de los cambios de mentalidad desde hace poco más de una década. “Los proyectos de construcción sustentable están definitivamente al alza en Estados Unidos desde hace unos 15 años. Una de las cosas que impulsó este cambio fue la formación del Consejo Verde (US Green Council) que propuso un sistema de valoración llamado LEED desde finales de los noventa. Muchos municipios y universidades en Estados Unidos han adoptado el sistema LEED como medida para los contratistas. Ello contribuye a que tengamos cada vez más edificios eficientes en los temas de energía”, explica.

Erin McConahey trabaja con una de las grandes innovaciones que experimentado la industria de la construcción en los últimos años: algo llamado “modelo de información del edificio”, que consiste en construirlo primero virtualmente, en una computadora. “Ese modelo se entrega al contratista y así puede hacer una eficiente adquisición de materiales. Puede, por ejemplo, cortar virtualmente todo el metal o la madera o cualquier otro material, para reducir las sobras que eventualmente se irán a los grandes tiraderos de basura y crearán desperdicio. De esta manera, también se sabe cuánto se tiene y cuánto se puede reciclar. Es hacer eficiente el edificio desde su origen”, platica McConahey.

Una carrera hacia la sustentabilidad

Para nuestra entrevistada, responsable financiera de una división completa en Arup, entre sus grandes logros está haber diseñado uno de los primeros edificios con tecnología experimental sustentable pagados por el gobierno norteamericano. “Fui la ingeniera responsable del diseño del edificio para el Gobierno Federal, en San Francisco. Es un proyecto de 600,000 metros cuadrados, de los cuales 125,000 utilizan ventilación natural”, comenta McConahey. “Primero estudiamos de cerca el clima de San Francisco, haciendo una progresión histórica que permitiera prever los cambios climáticos. Lo hicimos en conjunto con los Laboratorios Nacionales de Análisis Lawrence Berkeley (laboratorios gubernamentales que estudian el consumo de energía y el cambio climático de Estados Unidos) y así pudimos simular los efectos de la absorción del calor en el aire y diseñar secuencias controladas que permitirían abrir las ventanas de 13 pisos (de un total de 18) en respuesta del clima exterior”. Puede parecer una cuestión sencilla, pero en realidad se trata de un proyecto muy importante porque se convenció al gobierno federal, cuyos edificios son casi siempre “cajas selladas, llenas de aire acondicionado”, a que abriera sus horizontes de arquitectura y funcionalidad en pos de un ahorro de energía. “Este proyecto demostró que se puede añadir eficiencia en el uso de la energía sin comprometer la comodidad o la seguridad de estos edificios”, dice la ingeniera, quien utilizó una ventana multifuncional para convertir su proyecto en realidad: “Cada ventana tiene tres partes distintas e independientes: la parte superior, con activadores motorizados; la parte media, mecánicamente controlada por personas, y la parte baja, con un enfriador de goteo, con sólo una pequeña abertura para el invierno, cuando la gente necesita sólo un poco de aire que inmediatamente pasa a través de los calentadores de la base. Todo esto se logra directamente con el aire que entra por la fachada, sin necesidad de ventiladores y la gran energía que se requiere para echarlos a andar”.

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Luego de este logro, Erin empezó a ser admirada y, en cierto tiempo, pasó de ser una ingeniera mecánica a una coordinadora de los servicios del edificio y, más tarde, la gerente responsable de todo el equipo disciplinario, coordinando la visión arquitectónica con la ejecución del edificio. Hoy es también responsable financiera de que todo se entregue a tiempo y conforme al presupuesto, y su rol es asegurar que los clientes tengan buen servicio, que estén alineados con su visión de diseño y que las buenas ideas lleguen a la mesa de discusión. “Al año estoy involucrada en unos cinco o seis proyectos de forma simultánea en diferentes etapas de progreso, y porque soy directiva también superviso algunos proyectos de otros colegas. Es una oficina de 200 personas y tenemos 40 o 50 proyectos en activo. Algunos miembros del equipo son expertos en hospitales, por ejemplo. Yo hago más museos y proyectos sustentables”, dice McConahey.

…se ha visto que, como comunidad global, no actuamos lo suficientemente rápido para reducir nuestras emisiones de carbono, así que lo más seguro es que no podamos mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados de los que se habla para asegurar condiciones seguras para la humanidad”.

El futuro en nuestras manos

Pero, ¿hacia dónde se decantará la industria de la construcción en los próximos años? McConahey dice que la próxima jugada mundial en el ámbito de la construcción es regresar la atención a los edificios existentes, pues son ésos los que van a existir en 2025 y “urge arreglarlos, llevarlos a los estándares de eficiencia actuales. No construimos suficientes edificios nuevos para contrarrestar el daño climático que ocasionan los edificios viejos”, explica McConahey.

Al mismo tiempo, el sector público y privado tendrán que ponerse de acuerdo en pos de salvaguardar la seguridad de los que viven en ciudades de riesgo. “En las últimas cumbres de cambio climático se ha visto que, como comunidad global, no actuamos lo suficientemente rápido para reducir nuestras emisiones de carbono en los años ochenta y noventa, así que estamos en un punto en donde lo más seguro es que no podamos mantener el calentamiento global por debajo de los dos grados centígrados de los que se habla para asegurar condiciones seguras para la humanidad. En su lugar, nos tendremos que enfocar en medidas paliativas y de adaptación al cambio que viene. Tendremos que proteger nuestras ciudades de la subida del nivel del mar y a la gente de temperaturas más altas, especialmente en ciertas altitudes cerca del Ecuador. Llegaremos al punto en que el confort humano y hasta la supervivencia, especialmente de los más viejos y los más jóvenes, se verá comprometida. Tenemos que empezar a incluir un nivel de resistencia en los materiales, los diseños, para que estos edificios puedan funcionar sin la necesidad de aire acondicionado o electricidad. ¿Cómo protegemos a las personas de la variabilidad y la intensidad del clima y eventos como tormentas que cada vez son más desastrosas? Sólo hasta que los edificios viejos incorporen la idea de sustentabilidad y aprovechamiento de energía y esto se convierta en algo totalmente común, se podrá empezar a pensar en un gran movimiento para los próximos 50 años, donde nos enfoquemos en cómo va a vivir la gente con los cambios que se avecinan”, comenta McConahey. “Los humanos somos muy adaptables, pero debemos ver la verdad y pronto”.

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