POR:Mónica Flores
Históricamente, la relación que ha entablado el género femenino con la ciencia ha sido, en ocasiones, subversiva, insuficiente, clandestina; a veces todas las anteriores. Afortunadamente para nuestro presente, ahora es cercana, expansiva, con grandes y progresivas victorias en el terreno de la igualdad.

¿Alguien recuerda cómo fue jugar con las muñequitas en roles científicos de LEGO? Nadie. Acaban de salir. Son nuevas. LEGO es un espacio “libre de prejuicios” apenas. Ello, gracias a una niña de siete años llamada Charlotte. Con una carta enviada a LEGO, Charlotte reclamó que los mejores empleos, las mejores aventuras, las tenían los muñequitos. “Las ‘niñas lego’ todo lo que hacen es quedarse sentadas en casa, van a la playa, de compras, no tienen trabajos; mientras, los niños van de aventuras, trabajan, salvan personas y hasta nadan con tiburones”. Hace décadas le hubieran dicho que así eran las cosas y punto. Ahora, ella y su incredulidad por la falta de equidad en un juego que replica los roles de los adultos, lograron que LEGO modificara un viejo paradigma.

Siempre ha habido mujeres con vocación por la ciencia. Algunas tuvieron protagonismo, otras se hicieron las preguntas importantes a la sombra de una época. Siendo justos, el conocimiento tampoco ha sido, ni en todas las épocas ni en todos los lugares, de fácil acceso a los hombres. Pero, en términos de equidad de género, la humanidad se ocupó durante mucho tiempo de mirar con un solo ojo; de evaluar al mundo, la vida, la realidad, desde un solo lugar.

¿Dónde están esas mujeres pioneras, que podrían haber sido colegas de Paracelso, el gran médico del Renacimiento? En el anonimato. Él reconoció haber aprendido todo de las “buenas mujeres” (calificativo que, según el historiador Jules Michelet, se usaba entonces para referirse, “temerosamente”, a las brujas).1 Es probable que la mejor maestra de Paracelso muriera quemada, apedreada o, en el mejor de los casos, negando que sabía lo que sabía. No llegó, como él, a tener un lugar en la historia. Así las cosas hace cuatro siglos.

Un poco de historia reciente

El acceso al conocimiento se ha dado de forma irregular. Por ejemplo: en el siglo XIX, las mujeres en Alemania sólo podían entrar como oyentes a las universidades, pero las que les precedieron, las del siglo XVIII, tenían conocimientos suficientes como para haberles dado clases. ¿Cómo era eso posible? Irónicamente, en el XVIII, los laboratorios de química 2 estaban en las cocinas y esto facilitó que las mujeres tuvieran acceso, mucho más fácilmente, al conocimiento científico y a su práctica.

En el siglo XIX, abrieron brecha Ada Lovelace, Margaret Knight, Maria Mitchell, Emmy Noether… Muchas otras mujeres, es probable, tuvieron curiosidad y cerebros privilegiados sin lograr acceder al conocimiento, a las oportunidades, ni siquiera al soporte escrito de sus ideas, y desaparecieron del mundo como las brujas del siglo XVI, sin dejar un rastro. Durante siglos, la inteligencia femenina se escribió con agua sobre piedra.

Siglo XX

Llegado el siglo XX, las mujeres ganaron más espacios: se abrieron para ellas las puertas de las universidades, pudieron votar; los cambios fueron paulatinos pero sostenidos: los hombres y las mujeres estaban cambiando. Dejó de ser descabellado pensar que las mujeres tienen trabajos y hasta nadan con tiburones.

Empezar el siglo XX con Marie Curie ganando el Premio Nobel de Física en 1903 y luego, en 1911, el Nobel de Química por sus descubrimientos sobre la radiación, no podía más que tirar paradigmas e inspirar a más mujeres a buscar sus caminos más allá de la familia y la casa.

Las mujeres dedicadas a la ciencia dejaron de contarse con los dedos: Medicina, Ingeniería, Física, Química; el saber estaba disponible. Nacieron o estaban por nacer “las primeras mujeres” en diferentes campos. El reto del siglo fue romper prejuicios y convenciones sociales. Virginia Woolf, que vivió la transición del siglo XIX al XX, lo dijo así: “La historia de la oposición masculina a la emancipación femenina es más interesante que la historia misma de la emancipación”. 3

En la segunda mitad del siglo XX, la era espacial marcó muchas vocaciones. En 1963, Valentina Tereshkova fue la primera mujer en viajar al espacio, y lo hizo a bordo de la nave Vostok 6. ¿Cuántas mujeres habrán elegido carrera inspiradas por ella? En Estados Unidos, France Córdova, hija de un mexicano-americano, dio un giro radical a su vida inspirada por Neil Armstrong: dejó a un lado su primera carrera, el periodismo, para hacerse científica. Y lo logró. En 1979 obtuvo un doctorado en Astrofísica, en el California Institute of Technology. Luego, ella sería la primera mujer, y la persona más joven, en ocupar el puesto de directora científica en la NASA.

Energía y Ciencia, hoy

En la segunda década del XXI hay mucho que celebrar y también todavía mucho que hacer. Según la UNESCO, sólo uno de cada cinco países en el mundo ha alcanzado la paridad de género en el terreno científico.

En el índice global Women in Power and Utilities de EY 4, las cifras sobre puestos ejecutivos y de toma de decisiones en las mejores empresas dejan mucho que desear. Las juntas directivas de las 100 principales compañías del mundo en materia energética sólo están conformadas por un 4% de mujeres. Sin embargo, en dicho índice se mostró que las compañías con mayor liderazgo son también las que tienen mayor equilibrio de género en sus puestos directivos.

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Más allá de las cifras, las nuevas generaciones de mujeres —como Charlotte, pidiendo representatividad de su género en trabajos y aventuras— tienen muchos ejemplos, role models, para inspirarse. Este año, por ejemplo, Maryam Mirzakhani, a los 37 años de edad, fue la primera mujer en ganar la medalla Fields (el equivalente a un Premio Nobel, en Matemáticas).

El futuro

Sin embargo, todavía hay mucho por hacer. Las Naciones Unidas, en la evaluación de 2014 sobre los Objetivos del Milenio en temas de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, considera que todavía hay inequidad de genero y “las mujeres siguen enfrentando discriminación en el acceso a la educación, trabajo, remuneración económica y participación en el gobierno. La violencia contra las mujeres sigue minando la posibilidad de alcanzar los objetivos. La pobreza es la mayor barrera para la educación secundaria y las mujeres siguen estando relegadas a tener formas de empleo más vulnerables que los hombres”.

La fecha para alcanzar todos los objetivos es 2015. Quizá se logren cabalmente algunos; otros necesitarán más tiempo.

Ojalá se cumplan todos antes que las niñas de la generación de Charlotte, que jugarán con muñequitas LEGO dedicadas a la ciencia, lleguen a la Universidad. Ojalá tengan una transición muy natural del juego a la escuela, de la escuela a la Academia, de la Academia a la industria privada o pública y que la palabra discriminación sea muy ajena, un concepto del pasado difícil de comprender para ellas.

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  1.  Michelet, Jules. La bruja, un estudio de las supersticiones en la Edad Media,
    Ed. Akal; 2009, Madrid
  2.  Abir-Am, Prima; Outram, Dorinda. Uneasy Careers and Intimate Lives. New Brunswick: Rutgers University Press. 1986.
  3.  Woolf, Virginia. Un cuarto propio, Ed. Colofón.
  4.  Talent at table: index of women in power and utilities, Ernst & Young, 2014.

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