POR:Fairuz Otila Loutfi Olivares

Cuando me decidí a estudiar una maestría, nunca imaginé que el proceso de solicitud sería tan largo. Pasó un año, que se fue en trámites y preparación. En ese entonces, tenía un horario de trabajo de casi 12 horas al día. Busqué el tiempo para presentar los exámenes del TOEFL (Test of English as a Foreign Language) y del GRE (Graduate Record Examination); también para redactar el ensayo de motivación, solicitar los certificados de estudio y las cartas de recomendación, entre otros requisitos que son necesarios para ser candidato a realizar una maestría en Estados Unidos.

En diciembre de 2013, una vez que envié el paquete de solicitud, mis emociones oscilaban entre la ilusión y la incertidumbre de la respuesta que recibiría. No conocía la fecha en la que informarían de los resultados. Sumado a esto, había corrido el riesgo de mandar mi solicitud a una sola Universidad. Por cuestiones de tiempo, aposté por el todo o nada. Si no salía el “todo”, tendría que esperar hasta el año siguiente para buscar el ingreso en otra universidad.

Después de tres meses de espera, recibí un correo electrónico con una liga a un video. Para mi sorpresa, al dar click en el enlace apareció el director del Programa, quien me felicitaba porque había sido admitida en la Universidad de Yale para formar parte de la generación 2014-2016 de la maestría en Administración Ambiental. Vi el video dos o tres veces sólo para reconfirmar que decía felicitaciones.

En el lapso que corrió entre la recepción de la carta de aceptación y mi primer día de clases en la Universidad, debo reconocer que no me cayó el veinte de que, lo que alguna vez había imaginado, se estaba transformando en una realidad. Antes de tomar el avión, tuve que adelantar muchos preparativos desde México, incluyendo los trámites para la beca (del Fondo CONACyT-SENER-Hidrocarburos), la visa de estudiante, la renovación de mi pasaporte… y la elección del lugar donde viviría al llegar a Estados Unidos.

Para ser capaces de enfrentar los problemas ambientales en el mundo, es necesario acercarse a la naturaleza y observarla desde una nueva perspectiva.

Además, el programa de la universidad incluía tres semanas de orientación para los alumnos de primer año, en las que nos llevarían al bosque y nos enseñarían a analizar la naturaleza con un enfoque científico. Sobre esto, un profesor comentó que, para ser capaces de enfrentar los problemas ambientales en el mundo, es necesario acercarse a la naturaleza y observarla desde una nueva perspectiva.

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Después de cuatro años y medio de haberme graduado de la universidad y de haber estado colaborando en la Secretaría de Energía, siento que será un cambio drástico pasar de mi rutina diaria de trabajo , al ritmo de vida del estudiante.

Me parece relevante poder aprovechar la variedad de recursos que ofrece la universidad, dentro y fuera del salón de clases, y aprender de las experiencias internacionales, ya que somos un grupo de 150 estudiantes en el programa de maestría, en donde participamos 46 alumnos provenientes de 25 países. Entre este grupo tan diverso, me da gusto saber que todos estamos buscando un mismo fin: aportar los conocimientos adquiridos para la solución de problemas ambientales en nuestros países.

Una de las frases que aparecen en la página principal de la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales (School of Forestry and Environmental Studies) de la Universidad de Yale se refiere a su misión de preparar a los alumnos para convertirlos en líderes ambientales que puedan influir en todo el mundo. Para mí, empezar los estudios en la maestría en Administración del Medio Ambiente, en la Universidad de Yale, representa un gran reto que me motiva a comprometerme con responsabilidad, para poder colaborar en el futuro con el sector energético de México.

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