POR:Mónica Flores
Además de su gran vocación por los estudios de la Tierra, dedica parte de su tiempo a su otra pasión: la docencia, para formar nuevas generaciones de científicos.

A la doctora Prol se le admira y se le quiere desde el minuto uno de conversación. Sencilla. Modesta. Con sentido del humor. Contagia el amor que tiene por su carrera científica y la satisfacción de dedicarse a lo que más le gusta.

Sobre su larga relación laboral y académica con la UNAM, bromea: “Soy como los japoneses… que tienen un solo empleo hasta que se mueren. Yo espero, entonces, que no me corran”. Eso lo dice una científica mexicana que aparece en el Diccionario Internacional de Biografías de 1995 y la edición del International Who´s Who of Intellectuals de ese mismo año, de la Universidad de Cambridge.

El inicio de una vocación

Rosa María Prol Ledezma pertenece a esa generación de jóvenes que se vieron influidos por la era espacial. Ella estaba en la secundaria cuando una charla sobre el Proyecto Apolo cambió su vida. “Era increíble. Hablaban de que eso lo hacían los físicos. Entonces dije: ‘Ah, pues hay que ser físico’. Me duró esa impresión toda la secundaria y preparatoria. Luego hice la carrera de Física y ahí descubrí algo muy interesante de lo que no se hablaba mucho: el estudio de la Tierra. Así comenzó la historia”.

Rosa María recuerda cómo amigas de la adolescencia probaron una y otra carrera sin encontrar su verdadera vocación. En su caso no fue así. “Tuve mucha suerte. Agarré camino y ya no lo solté”. Entró a la UNAM en 1969 y, desde entonces, aunque ha salido al extranjero para estudiar especializaciones, siempre ha regresado. Cuando le pregunto cómo eran los universitarios de entonces, contesta: “Creíamos que íbamos a cambiar el mundo. Todo era muy diferente a como es ahora. Éramos más inocentes y teníamos más ilusión”.

La doctora Prol creció en una familia muy trabajadora y que tuvo que enfrentar adversidades económicas. “Mi abuelo era pastorcito; de repente huyó con mi abuela y tuvieron una vida muy difícil. Luego se establecieron aquí en la ciudad. Mi madre sólo fue a la primaria y luego se dedicó a ayudar en la casa. Mi madre fue madre soltera”. Sus abuelos opinaban de su futuro vocacional. Rosa María escuchaba las sugerencias que le hacían. “En el plano familiar, querían que estudiara medicina o leyes… o, que pudiera ser secretaria. La lógica de mis abuelos era: ‘Nosotros vamos mucho al médico; dedícate a eso’, pero yo veo sangre y me desmayo”. Y hace memoria. Sí hubo un punto en el que el apoyo familiar hizo la diferencia: “Lo que sí dijeron fue: ‘Si ella quiere estudiar, pues que estudie’. En una reunión familiar dije que quería dedicarme a la Física. La reacción de todos fue: ‘¿¡Y cómo!? ¿Ésos dónde trabajan?’ Y, bueno, yo no podía contestar eso, no sabía dónde trabajan los físicos. Pero como soy un poco terca y como seguía con que quería estudiar física, me dejaron”.

El basquetbol y el arbitraje

Entre sus pasatiempos destacaba el basquetbol. A Rosa María le gustaba mucho ese deporte y lo jugaba y conocía bien. Cuando fue necesario, el basquetbol contribuyó a su causa académica. “Al principio de la carrera pude vivir con mis domingos pero después necesité trabajar. Fui árbitro de basquetbol los fines de semana y con eso me compré libros. Había una asociación de árbitros… No sé si siga. Me pagaban… creo que dos pesos por partido, pero eso entonces para mí era un dineral”.

Te puede interesar:  Armando Gómez Torres. Las recompensas de la disciplina

Ese fue su primer trabajo. Luego fue ayudante de profesor, “y entonces sí fue un dineral que no se imagina”. Humor. Sencillez. Vocación.

Fue la primera universitaria de su familia y, hasta esta entrevista, Rosa María Prol no sabía que ella fue la primera mujer mexicana en obtener un doctorado en Geotermia. Una mujer de Ciencia que, con su determinación y vocación clara, hizo historia sin darse cuenta.

entre1_2

Llevo más de 40 años terca en esto. Inclusive, cuando regresé, tuve algunos problemas porque yo lo que hacía era modelación matemática y necesitaba datos. Aun ahora no hay muchos datos…”.

Los estudios de posgrado

Después de la carrera en Física siguieron la maestría en Geofísica y luego la oportunidad de hacer un doctorado en Física de la Tierra, en la Academia de Ciencias de la URSS, en 1981. “Lo aproveché porque aquí, entonces, no había doctorados”. Sin embargo, los cuatro años en Rusia a principios de los 80, no fueron los mejores; enfrentó muchos problemas burocráticos y las condiciones de vida estudiantiles estaban lejos de ser óptimas. “Con la burocracia que había, primero me mandaron a otro instituto. Luego estuve en un dormitorio de estudiantes donde no había baños. Fue un trauma. No daba crédito”.

Desde el doctorado se dedicó a la Geotermia. “Llevo más de 40 años terca en esto. Inclusive, cuando regresé, tuve algunos problemas porque yo lo que hacía era modelación matemática y necesitaba datos. Aun ahora no hay muchos datos; entonces, tuve que aprender geología, geoquímica, porque la parte de la modelación matemática debe estar muy anclada en la realidad, porque si no, es pura geoficción”.

Luego del doctorado siguió un diploma en Energía Geotérmica en el Geothermal Institute de la Auckland University, Nueva Zelandia. Era 1985. “Fue el equivalente a un doctorado. Estaban lo mejores del mundo de aquella época y había que trabajar 24 horas diarias. Yo sigo muy agradecida por todo lo que me enseñaron. Aprendí Geología, Geofísica y Geoquímica de la Geotermia. También llevé clases para hacer cálculos en la parte económica de la explotación geotérmica. Más de la mitad del trabajo que hago ahorita tiene como base lo que aprendí entonces”.

Nuevas generaciones

Rosa María Prol también tiene una vocación docente y espera que sus alumnos sean mucho mejores que ella. ¿Qué le diría a las generaciones que siguen, a los que están pensando en estudiar Geotermia? “Que no pierdan la curiosidad, que no pierdan el interés. Que piensen que el trabajo debe dar satisfacciones, que sea una pasión. Algunos entran a Ciencias de la Tierra porque les gustan los deportes extremos. Cuando decimos: ‘Es que vamos a ir al desierto, o vamos a ir a bucear, o vamos a ir a un crucero oceanográfico’, todos: ‘Sí, sí, sí’; todo mundo se quiere sentir Indiana Jones. Pero esa es sólo una parte del trabajo. La otra es una labor muy dura en la biblioteca y en el laboratorio. Los invito a que vengan a aprender cosas que pueden ser de utilidad para el país y el planeta. Debemos enseñarnos a proteger la Tierra porque no tenemos otro barco. Una parte importante de Ciencias de la Tierra consiste en aprender a explotar los recursos pero de forma sustentable. Para los que quieran venir a estudiar Ciencias de la Tierra: nos hace falta mucha gente, aquí y en el mundo”.

No Hay Más Artículos