“Pase por favor, señor Castellanos”, me decía el profesor mientras me indicaba el área del pizarrón. Eran mis exámenes de doctorado en Ingeniería, para los que ya llevaba alrededor de ocho meses estudiando. Todo ese tiempo de preparación se resumía a un solo problema y únicamente contaba con treinta minutos para leer y resolver, y treinta minutos para presentarle mi solución a un grupo de cinco profesores expertos en el tema. Paso por paso, mi solución expuesta al problema era cuestionada intensamente, pero era algo que yo ya esperaba, pues éste era el rol que ellos debían asumir para empujar a los estudiantes al límite.

Tras estar sometido a tanta presión, indudablemente creí haber hecho un mal trabajo, pero mi percepción cambió al ver a uno de los profesores hacerme un sutil gesto, insinuando “bien hecho”. Al final del día, los resultados de los exámenes y mi presentación de investigación fueron positivos y fui admitido oficialmente al programa de doctorado en Ingeniería Mecánica en MIT (Massachusetts Institute of Technology).

Algunos años han pasado desde esa etapa de preparación, y aun cuando en su tiempo fue un proceso agotador que ponía diariamente a prueba mi paciencia, mi capacidad de concentración y me hacía cuestionar constantemente mis ganas de realizar un doctorado, hoy en retrospectiva siento que ha sido una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido a lo largo de mi formación académica.

Existe un dicho en esta universidad que dice: “Estudiar en MIT es como beber agua de una manguera de bomberos”, dado el flujo masivo de información y la capacidad que tiene uno de procesarla, y creo que todos los estudiantes ahí en algún momento hemos vivido de primera mano esa analogía. En mi caso, la ocasión más tangible fue durante este proceso de preparación.

 “Estudiar en MIT es como beber agua de una manguera de bomberos”, dado el flujo masivo de información y la capacidad que tiene uno de procesarla…

Aquellos estudiantes de posgrado que están prontos a realizar estos exámenes, sepan que están ante la oportunidad de volverse expertos en una serie de materias para sentirse plenamente confiados de impartir cátedras acerca de ellas, o simplemente dominar los principios fundamentales de una manera confortable. En pocas palabras, el propósito de estas pruebas es entrenar el pensamiento para obtener soluciones a un problema nunca antes visto, con ingenio y destreza, dentro de un límite de tiempo y de una forma metódica pero rápida.

Este verano, mientras realizo mis prácticas profesionales en el Fondo de Sustentabilidad Energética, dentro de la Secretaría de Energía, ocasionalmente he estado en situaciones en las que, junto con mis colegas, tengo que encontrar soluciones prácticas de forma casi inmediata a problemas nuevos que surgen, tal como se esperaba en los exámenes de doctorado, sólo que esta vez el contexto es diferente: no existen fórmulas, y la solución propuesta al problema tiene un impacto en la sociedad.

Así pues, con cada proyecto y reto nuevo, espero emplear mis conocimientos de la mejor manera, con la esperanza de que, en un futuro, pueda ver hacia atrás y constatar el impacto positivo logrado… y que esta vez sea la gente beneficiada la que implícitamente diga: “Bien hecho”.

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