Opciones de estudio y profesionales para la generación que hará del sol, el aire y la tierra, nuestra energía.

México vive un momento clave en su transición a tecnologías renovables y los jóvenes tendrán un papel crucial en el desarrollo de estas industrias, como científic  os, técnicos, asesores e impulsores de aquellos sistemas que se implanten.

¿Se puede hablar de una voluntad real para impulsar esta transición en nuestro país? Al menos, en esa dirección apuntan los números: la inversión que ha llegado a México de las empresas internacionales puede ser un buen indicador de que en los últimos cinco años la industria de energías renovables ha experimentado un crecimiento explosivo. Si en 2007 se recibieron 104 millones de dólares en el país por inversión extranjera en este rubro, para 2012 ya eran 1,442 millones de dólares, de acuerdo con datos del programa ProMéxico, dependiente de la Secretaría de Energía. El aumento en empleos generados es cada vez mayor, así como la instalación definitiva de fábricas de generadores eólicos o plantas de producción de módulos solares fotovoltaicos, por mencionar sólo un par de ejemplos.

Los jóvenes no están al margen de este boom, pues el talento que se está formando en México para hacer frente a estas industrias también va en aumento. De acuerdo con CONACyT, en 2012 se graduaron poco más de 111 mil estudiantes de Ingeniería y tecnologías en general, 18% más graduados per cápita que en Estados Unidos, en esas mismas áreas.

Los jóvenes reunidos

Lo interesante es ver la forma en que los jóvenes asumen este reto. Por eso asistimos al Student Energy Summit, un evento internacional que eligió a México como sede este 2014 y en el que se reunieron estudiantes latinoamericanos de múltiples disciplinas con el objetivo de crear redes y marcar una diferencia en el sector energético a largo plazo.

A este evento vienen muchos jóvenes a plantearse por primera vez cuál será el enfoque que tomará su vida profesional cuando salgan de la escuela. “El de la energía renovable es algo tan nuevo en el país que realmente puedes hacer aportaciones y, si te preparas bien, puedes tener un campo laboral muy amplio porque significa empezar desde cero”, dice Paulina Ayala de 19 años, estudiante de Ingeniería Química en la Universidad Iberoamericana.

Lo mejor de este tipo de eventos es que no son conferencias armadas para enseñar sino para entablar conversaciones: es evidente que su organización está hecha por jóvenes para jóvenes. Un ejemplo de ello es Álvaro Migoya, de sólo 20 años, quien además de ser estudiante de Ingeniería Química en  esa misma universidad, es líder de proyecto de dinámicas energéticas globales del programa. En su opinión, el interés de los jóvenes en el tema es muy marcado: “Estoy sorprendido con el impacto que hemos tenido. Otorgamos alrededor de 120 becas, y fueron180 personas las que presentaron su solicitud para participar en la cumbre. Es una oportunidad para entablar conversaciones con los líderes actuales del sector energético porque nosotros somos los líderes futuros: queremos saber cómo funcionan las cosas, qué se está investigando y poder definir qué es lo que se va ha hacer en un futuro, colaborando”.

Energías más equitativas

La buena noticia es que este tipo de energías llegará a más personas: “Algo que parecería un gran obstáculo para instalar energías renovables es la pobreza, pero paradójicamente significa un área de oportunidad: muchas comunidades no tienen instalada la tecnología que nos ha llevado al calentamiento global y al cambio climático que vivimos. Esas familias no necesitarían hacer una transición y por eso pueden empezar de cero utilizando energías limpias. Es ahí donde se puede empezar a trabajar primero. La transición será mucho más difícil en las ciudades y en los niveles económicos más altos que ya están acostumbrados a esas energías fósiles y donde el consumo es mucho mayor”.

Además, es posible que ahora ya no sea tan fácil instalar tecnología (la que sea) sin pedir permiso en las comunidades, algo que habla de un cambio en la forma de pensar de los mexicanos. Un ejemplo que pone Migoya es la caída de un gigantesco proyecto que se iba a hacer con energía eólica en el Istmo de Tehuantepec: “Vemos casos en los que, por no poner atención a las diferentes áreas (social, económica, arquitectónica, ecológica), se están yendo abajo proyectos multimillonarios. Si no se hace caso a la gente, no va a funcionar, por más renovable que sea la energía. La sustentabilidad no es algo que vaya separado de lo social y no sólo es cuestión de ver la parte energética”. Se sabe que el Istmo es un área con mucho potencial para el desarrollo eólico pero en la que existen comunidades con muy bajos recursos. “Llegaron empresas trasnacionales y mexicanas coordinadas con el gobierno pero no se estudió a la población y no se le ofreció lo que necesitaba. No era cuestión de ofrecerles dinero, sino educación, de crear viviendas sustentables… La gente del pueblo empezó a bloquear carreteras, a pelear entre los diferentes ejidos y terminó por detener el proyecto. Eso hace que las empresas empiecen a dudar y ya no quieran invertir”.

Te puede interesar:  Ciudades sustentables, ciudades del futuro

El rol de la educación

Para María Fernanda Ochoa (19 años), estudiante de Ingeniería Mecánica Eléctrica en el Tecnológico de Monterrey, lo que hace falta en los jóvenes es aceptar la realidad tal como viene. “Hay que situarnos en la realidad que tenemos como industrias y como país. Aceptar lo que tenemos y empezar a trabajar desde allí”. Por eso ella cree que la prioridad debería ser la educación. Muchos jóvenes planean, en algún punto de su carrera, irse a estudiar al extranjero pues en México el tema de la sustentabilidad en las universidades aún está en pañales. Sin embargo, gente como Paulina Ayala (20 años), estudiante de Ingeniería Química, piensa que los estudiantes mexicanos necesitan regresar a su país a aplicar todo eso que aprendieron: “Lo necesitamos porque México es un país petrolero y los combustibles fósiles no tienen futuro. En algún momento, el contexto internacional nos va a obligar a cambiar aunque ahora no tengamos las herramientas; por eso tenemos que estar preparados”. Que las universidades tienen un papel fundamental, ningún joven lo duda. “Son las que nos forman y las que nos exponen o no a eventos, congresos y demás, donde podemos charlar sobre el asunto. Creo que en todas las universidades urgen clases sobre el calentamiento global, qué significa la globalización en términos ecológicos y cómo hemos llegado adonde estamos hoy. Alumnos de todas las áreas, desde Medicina hasta leyes o sociólogos, deberían estar sensibilizados. Crear conciencia es básico”, opina Migoya.

No sólo las instituciones deben cambiar

En realidad, todos necesitamos un cambio de paradigma. Grandes expertos, como Larry Goulder, profesor de Economía Ambiental y Recursos en la Universidad de Stanford, opinan que lo primero es asumir un compromiso personal: “Los jóvenes deben hacer el compromiso de estar siempre informados. De este modo, pueden convertirse en consumidores responsables y también en votantes responsables. Esto último es muy importante”. También invita a los jóvenes a no cerrarse a escoger una carrera que parece afín: si les interesa el cuidado del medio ambiente y la transición a energías limpias, “pueden acercarse a ello desde distintos puntos de vista. No sólo puedes convertirte en biólogo o en químico, también puedes acercarte desde el punto de vista económico, que puede ser útil para evaluar las políticas públicas. Un tercer acercamiento sería tratar de entender el sistema político y convertirte en un asesor para tirar las barreras que desde allí no permiten cuidar el ambiente”. Goulder no puede prever cuáles serán las carreras de mayor demanda, pero sabe qué se necesita hoy: “Debido a que el cambio climático se está reconociendo cada vez más como un asunto de primera importancia, se ha creado una demanda natural de gente que tenga habilidades para analizar y atacar el problema. Habrá demanda para climatólogos, pero también para científicos de cualquier índole que se enfoquen en eso, desde biólogos hasta economistas. De hecho, hay un aumento en la contratación de economistas ambientales en las universidades norteamericanas. No puedo afirmar si la tendencia continuará, pero es un hecho hoy”.

No Hay Más Artículos