POR:Ernesto Murguía
Entrevista con el doctor José Luis Fernández Zayas, Director Ejecutivo del IIE.

 El CEMIE-eólico es uno de los tres Centros Mexicanos de Innovación Energética impulsados este año por el Fondo de Sustentabilidad Energética. Con un presupuesto de 216.3 millones de pesos, el proyecto es liderado por el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE). Para conocer más sobre la magnitud de este nuevo reto, Proyecto FSE conversó con el doctor José Luis Fernández Zayas, representante legal del CEMIE-eólico.

“Los CEMIE son una figura muy prestigiada en todo el mundo. Por ser un instrumento de innovación, está, además, en el centro de la política nacional. Su objetivo es transferir el conocimiento científico y tecnológico generado en las aulas y centros de investigación, y hacerlo llegar efectivamente al sector productivo, siempre con una visión de mejorar las condiciones de la sociedad en general”, comenta Fernández. El especialista añade que la eólica es una de las fuentes de energía limpia con mayor proyección. “Dadas su orografía y condiciones climáticas, México cuenta con enormes posibilidades para la generación a gran escala. El sur es una región de istmos, con vientos provenientes del Pacífico y el Atlántico; mientras que en la región norte, prácticamente en toda la frontera existen zonas de viento adecuadas para la generación de energía”.

Infraestructura titánica

La limitante fundamental es el traslado del equipo para hacer las gigantescas instalaciones requeridas. “Entre más grande es un aerogenerador, más económica resulta la energía que produce. Debido a esto, la evolución de esta maquinaria ha sido monumental: torres elevándose a más de cien metros, rotores de más de noventa metros. Cada año se empuja esta frontera; las estructuras van a ser más y más grandes. Aparejados a ello, se encuentran los desafíos y oportunidades en el desarrollo del personal, el entrenamiento de jóvenes expertos en cada una de estas disciplinas”.

Como un ejemplo de éxito, Fernández cita el caso de La Ventosa, en Oaxaca, zona de vientos extraordinarios. Para aprovechar las condiciones de este entorno, el IIE cuenta con un laboratorio cerca de Juchitán, donde, en colaboración con Asociación Mexicana de Energía Eólica (organización civil que agrupa a los principales productores de aerogeneradores del mundo) se estudian materiales, equipos, técnicas y herramientas de medición y control, nuevas formas de reducir los costos y de optimizar la producción de energía.

“Cuando arrancamos un proyecto, lo primero que hacemos es sentarnos con el cliente, que puede ser CFE, Pemex o empresas privadas, como General Electric o Westin House, a establecer los objetivos específicos de la investigación de acuerdo con las necesidades y las soluciones que requieren. Trabajamos desde hace años con fabricantes y operadores. Tenemos bastante camino andado. Esta experiencia nos brinda cierta ventaja sobre otras fuentes de energía renovables y no renovables”.

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Foto: Thinkstock

Entre más grande es un aerogenerador, más económica resulta la energía que produce. Debido a esto, la evolución de esta maquinaria ha sido monumental: torres elevándose a más de cien metros…”.

México: competitividad moderna

La estructura de los CEMIE promueve el aprovechamiento de sinergias a través de alianzas multidisciplinarias. “Por un lado, participan instituciones del sector de la investigación y el desarrollo que tienen dos funciones: desarrollar y adaptar conocimiento nuevo, y formar a las siguientes generaciones de especialistas en la materia. Por otro lado, participan empresas cuya responsabilidad es expresar esta nueva tecnología como una oportunidad de desarrollo económico para el país. En este modelo, la figura central, aunque a veces la menos mencionada, es el gobierno, el cual da forma a todas estas iniciativas y orienta la visión a corto y largo plazo”.

Fernández explica cómo la mentalidad nacional ha cambiado favorablemente en los últimos tiempos. “Cuando hablamos de consorcios o clusters, hablamos de instituciones o empresas también del extranjero. Antes se decía que todo debía ser mexicano, a como diera lugar, aunque fuera más caro, más lento y de mala calidad. Era una visión equivocada. Como mexicanos, tenemos la responsabilidad de identificar los elementos que nos hacen falta y trabajar de manera complementaria con otros países. Nuestro concepto de competitividad no es quitarle o ganarle a alguien cosas para tenerlas sólo en México: es trabajar globalmente, en equipo, y enriquecernos de forma mutua”.

Para concluir, el doctor José Luis Fernández se muestra confiado en el futuro de la energía eólica mexicana, aunque advierte sobre el crecimiento responsable de este sector: “Cuando llega una empresa eólica a una región apartada, representa una gran cantidad adicional de dinero para esa comunidad. Eso genera desequilibrios en la región, entre aquellos beneficiados económicamente por la granja eólica y aquellos que no lo son. Hay una tarea pendiente, de mucha importancia, de tipo social y político en el campo de la energía eólica. Y es algo en lo que también estamos trabajando”.

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