Dada una situación de conflicto, ¿habrá que colaborar? Probablemente sí. ¿Habrá que transigir? No. Hay una gran diferencia entre obligar y persuadir; similar a la que existe entre dividir y resolver. En un gran número de disputas públicas y privadas, negociar efectivamente no consiste, contrario a una visión convencional, en manipular, confrontar y opacar al contrario con objeto de forzar el cumplimiento de una lista de exigencias. Con gran frecuencia, tales tácticas generan inestabilidad, exacerban el grado de confrontación y producen resultados sub-óptimos. Aun así, la terquedad de repetir tácticas infructuosas es persistente, dado que es amplia la noción de que vivimos en un mundo donde todo se reduce a una suma cero. Empero, son varias las situaciones donde esta noción dice muy poco sobre nuestro margen de maniobra en la realidad, y refleja, en cambio, una miopía, poca imaginación y mala preparación.

Ante un conflicto, el reto comienza por cambiar la premisa, confiar en una perspectiva más ágil, flexible y efectiva, que responda estratégica y tácticamente a los intereses fundamentales de nuestra contraparte, en coordinación simultánea con los nuestros. Ya que en disputas minadas por asimetrías, con recursos, intereses, derechos y valores en oposición, generar y distribuir valor depende no sólo de un contexto, sino de la capacidad de las partes para interpretar y redefinir las dimensiones del conflicto. Si poco se innova en el modo en que se selecciona la mesa de negociación, cómo se decide la secuencia de interacción temática, a través de qué estructura se exploran diferencias, con qué mecanismos se auspician intercambios o desde cuál narrativa se fortalece un liderazgo ante los constituyentes, se reduce la posibilidad de negociar soluciones que respondan a los intereses críticos de las partes. Del mismo modo que una pareja no puede crecer y gozar si vive un desequilibrio alrededor de exigencias unilaterales que poco caso hacen de las características y aspiraciones de la contraparte y que no otorgan el espacio para cuestionar y redefinir prioridades, tampoco son de esperarse resultados diferentes en el espacio público.

Estas contradicciones explican, parcialmente, por qué muchos conflictos persisten y empeoran con el tiempo. Precisamente, conscientes de la intensidad de diversas disputas que se prolongan indefinidamente en los mercados y en las cortes, aun cuando existen soluciones que claramente beneficiarían a los involucrados, el consorcio de negociación formado por la Universidad de Harvard, el MIT y la Universidad de Tufts incorpora avances críticos en liderazgo, neurociencia y comunicación, para poner de manifiesto tácticas efectivas y contundentes, acordes con los retos interdisciplinarios de nuestra época. No se trata de ofrecer teorías sino de implementar estrategias, confirmadas alrededor del mundo, para desactivar conflictos bélicos, renovar alianzas millonarias y redefinir el desarrollo sustentable, entre otros temas, dado que, al ampliar la caja de herramientas con las que interpretamos y negociamos una gran variedad de disputas, podemos anticipar, estructurar, entender y resolver conflictos de un modo más justo y eficiente.

Ante las presiones y oportunidades que surgen del cambio climático, es necesario generar y renovar estrategias, programas y políticas que sustenten decisiones flexibles.

Por ejemplo, en el campo de la administración de los recursos naturales, el trabajo para conciliar comienza por construir una arquitectura de estrategias que facilite una comprensión más práctica y adaptable de diversas escalas. No sólo hay que interconectar rubros espaciales, temporales, disciplinarios, tecnológicos, jurisdiccionales e institucionales, sino que hay que disponer de un abanico de estrategias que indique cómo forjar distintos caminos, incorporando ajustes en tanto nueva información y nuevos actores se involucren en estos acuerdos. Desarrollar una visión interdisciplinaria es vital para facilitar la ejecución de intercambios y prácticas que auspicien una mejor cantidad, calidad, uso y distribución de los recursos energéticos y ambientales.

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Ante las presiones y oportunidades que surgen por el cambio climático, es necesario generar y renovar estrategias, programas y políticas que sustenten decisiones flexibles. Al situar en un primer plano de la agenda de investigación internacional las negociaciones que nuestro país examina y realiza, se abre la puerta para resaltar, desarrollar y adecuar estrategias que conduzcan a negociaciones más satisfactorias, fomentando aprendizaje, adaptación y evolución mediante alianzas pragmáticas orientadas a la resolución de problemas y capaces de sustentar compromisos de mediano y largo plazo.

El compromiso con la inversión en capital humano, científico y tecnológico que lidera Sener tiene por objeto, justamente, cimentar redes interdisciplinarias que nos permitan enfrentar con ideas y prácticas de vanguardia, los distintos retos que, juntos, en México, queremos resolver. Negociar con carácter y con visión, por ende, implica sustentar una capacidad emotiva y argumentativa para tener más amplitud al decidir qué preguntas plantear, a qué actores involucrar, en qué secuencia, con qué tipo de mandato y bajo qué actividades. Esto implica trabajar con un amplio espectro de escenarios a través de estrategias y soluciones de alcance, capaces de comprender un momento, improvisar en el instante y, simultáneamente, proyectar a futuro. Esto es lo que hace de la negociación una práctica viva, de cambio y de posibilidad. Una actitud y un compromiso clave para nuestro país.

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